Fotografía: Especial

Lectura sobre Ruedas, un año de pandemia y “pregonar” cultura en el barrio de El Alto

En NACIONAL Magdiel Olano

PUEBLA, MÉXICO.- Como cada martes, Laura se prepara para repartir lecturas. Y no,  no lo hace de la forma en que últimamente estamos acostumbrados. Ella, como los viejos pregoneros, recorre las calles en una camioneta, con altavoz y libros en mano lleva cuentos, versos y otras letras hasta la puerta de las casas de los niños del barrio de El Alto.

Y es que el cierre de centros culturales por la entrada de la pandemia en marzo de 2020 le impidió continuar las lecturas en la Biblioteca Alma del Consejo Puebla de Lectura (CPL), donde colabora desde hace tres años. Así que junto al equipo de esta asociación civil encontró el modo de reencontrarse con la comunidad a pesar del distanciamiento social.

Cada semana, el equipo del Consejo se prepara para la Lectura sobre Ruedas: instalan el equipo de audio en la camioneta, colocan las lonas que los distinguen como repartidores de lectura, seleccionan los libros que van a leer —procurando llevar siempre nuevas propuestas—, y no sin antes revisar que cargan el equipo sanitizador y hacer una prueba de audio, Roberto arranca para comenzar el recorrido:


“¡Señooor, señooora! Mande al niño, o a la niña. Le venimos regalando un kilo de lectura”, va pregonando a veces Laura, otras más Rosario o Meredith por igual, desde que salen del consejo sobre la 14 Norte hasta llegar a la 20 Oriente. “¡Leeeectura, lectura, lectura fresquesiiita de la Biblioteca Alma!”, continúan al dar vuelta sobre la 16 Norte y avanzar una calle, donde se detienen.

Es la 18 Norte uno de sus mayores puntos de concentración y donde dedican gran tiempo a los niños, niñas, jóvenes y mamás que salen a convivir, pues como señala Laura “tratamos de aprovechar la mayor cantidad de tiempo para compartir con ellos, ya sean lecturas, poemas, algo que nos quieren contar. Tratamos de darnos el tiempo para escuchar porque sabemos que la pandemia ha sido complicada tanto para ellos como para nosotros”.

“¡Se leen leyeeeendas, poeeemas, cueeentos, noveeelas!”, “¡Un liiiibro que se le ooofreeezcaaa!”, continúan gritando una vez más al llegar a un hospital que se encuentra a unas calles de ahí donde, aunque casi no hay niños, no dejan de leer para los adultos, los enfermos del lugar y algunos personajes de la comunidad que bajo costumbre ya forman parte de la rutina del CPL, como Don Luis Aguirre, o el “Perro Aguirre”, como lo conocen sus amigos.

“La intención de llevar los poemas o lecturas un poco más cortas, es pensando en este público que a lo mejor no se atreve a salir, pero de cierta manera nos tienen que escuchar”.

Fotografía: Especial

Ni los plantones ni el cierres de calles que suele haber en los alrededores del CPL por estar muy cerca de Casa Aguayo, desde donde despacha el gobernador de Puebla, han detenido a este equipo de mediadores de lectura liderado por Daniel Ramos. Porque aunque a veces el recorrido de cerca de hora y media se extiende por el tráfico, ellos llegan con los niños que han estado confinados en sus casas ya un año, pues esperan impacientes por historias. “Los niños han tenido una respuesta favorable, enriquecedora para nosotros y para ellos (…), es como un respiro de lo que están viviendo ya que llevan un buen rato en casa”.

La resiliencia, dice Laura, ha sido un factor indispensable para continuar con los proyectos que, igual que la “Lectura sobre Ruedas” del CPL, ya lleva un año de crisis como parte del sector cultural.

“Ha sido bastante complejo, pero hemos sido resilientes, hemos encontrado la manera de ofrecer y tener este acercamiento a lo cultural, a lo que nos mueve y apasiona qué es la lectura”.

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