Fotografía: Espevcal

Las luchas sociales, tema central en la obra gráfica de Ángel Bracho

En ICONOS Redacción Leviatán

MÉXICO.- Paisajes del México rural, pero también de escenas citadinas que reflejan la realidad de los más desprotegidos, así como de las luchas obreras y escenas de los procesos históricos que convulsionaron al país y al mundo durante el siglo pasado, son solo algunos de los temas que abordó el grabador mexicano Ángel Bracho Meneses (Ciudad de México, 14 de febrero, 1911- 1 de febrero, 2005) a quien el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal) recuerda en el 113 aniversario de su nacimiento.

Entre los recintos del Inbal, el Museo Nacional de la Estampa (Munae) tiene bajo su resguardo 49 obras. Ángel Bracho, el artista que a través de sus dinámicas insertaba el arte a la discusión pública del país.

Los grabados de Bracho como parte del TGP (Las familias huicholas, Emiliano ZapataZapata a caballoCaída de Tenochtitlan, Puente de Nonoalco La revolución y la seguridad social, entre otros) se volvieron icónicos y representativos del colectivo. Destacan entre ellos, sus retratos y paisajes mexicanos, en los que además de reflejar la vida cotidiana del pueblo fungen como crítica política y social.

Antes de dedicarse en la pintura y el grabado, el artista había realizado diferentes labores, entre ellas, ayudante de carnicero, peluquero y cuidador de autos. Nacido en la capital del país, Bracho inició estudios formales en los cursos nocturnos, dirigidos a obreros, de la Academia de San Carlos en 1928, cuando la institución se encontraba bajo la dirección del muralista Diego Rivera, y donde estuvo también bajo la tutela de Rufino Tamayo.

De acuerdo con la investigadora Dafne Cruz Porchini, Rivera no solo pudo haber sido maestro de Bracho en aquella época, sino la persona que lo recomendó para pintar en los techos del Mercado Abelardo L. Rodríguez entre 1934 y 1935, cuyo tema principal son las vitaminas y sus efectos en el organismo humano, trabajo que, además, hizo despuntar su carrera como artista.

En 1936 formó parte de las Misiones Culturales organizadas por la Secretaría de Educación Pública (SEP), donde se desempeñó como maestro de artes plásticas, experiencia que le permitió recorrer Sonora, Nayarit, Baja California y Oaxaca. En 1937 pintó el mural Libertad sindical en el Sindicato de Azucareros de Los Mochis, Sinaloa, y se unió a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR).

Aquel mismo año, junto a Leopoldo Méndez, Pablo O’Higgins y otros artistas, fundó el Taller de la Gráfica Popular (TGP), colectivo al que perteneció por más de cinco décadas y dirigió en 1960, cuyo máximo ideal fue la lucha por la paz, a través de la creación de material gráfico que reflejara las luchas sociales y políticas de la época.

Como parte del TGP, participó en la elaboración de libros, carteles, folletos, volantes y material para la prensa, como el cartel Victoria (1945), con el que celebró la derrota del nazismo. Asimismo, fue parte de diversas exposiciones colectivas nacionales e internacionales en países como la antigua Unión Soviética, Francia, Italia, Sudamérica y Estados Unidos, como la expuesta en el Riverside Museum de Nueva York, en 1940.

Entre los reconocimientos que recibió están la Medalla de Oro otorgada por la revista Visión en el Concurso Latinoamericano de Buenos Aires, Argentina, en 1960 y fue nombrado catedrático honorario de la Academia de Diseño y Grabado de Florencia, Italia, en 1966. Asimismo, en 1992, la Asamblea de Representantes del Distrito Federal lo homenajeó con una exposición de su gráfica.

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