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Científicos analizan y señalan vacíos peligrosos en las reformas a la Ley General del Equilibrio Ambiental y la Protección Ambiental

En ESPECIALES Camila Villeda
  • Investigadores del Instituto de Ecología de la UNAM analizaron las reformas ambientales propuestas por la presidenta Claudia Sheinbaum y advirtieron vacíos legales, omisiones científicas y riesgos para el derecho humano a un ambiente sano. Señalan la ausencia de conceptos clave, la falta de reconocimiento del reino funga y la posibilidad de aprobar evaluaciones de impacto ambiental después de iniciar megaproyectos.

MÉXICO.- Las reformas propuestas por la presidenta Claudia Sheinbaum y presentadas ante la Cámara de Diputados el pasado 28 de agosto fueron analizadas por investigadores e investigadoras de diversas áreas del conocimiento en el Instituto de Ecología de la UNAM, el pasado lunes 26 de agosto.

Durante este encuentro se enlistaron algunos puntos críticos de la ley como posibles vacíos legales, faltas de definición y errores que los científicos consideran ponen en riegos el medio ambiente y con el ello el derecho humano a un ambiente sano y limpio, vulnerando otros derechos humanos como a la salud, al agua e incluso a la alimentación. Precisamente, la investigadora Érica Hagaman señala la carencia grave de estas reformas al ni siquiera mencionar este derecho humano cuando la Ley General del Equilibrio Ambiental y la Protección Ambiental (LGEEPAA) “debería ser la ley reglamentaria sobre el derecho humano a un medio ambiente limpio, sano y sostenible”.

De igual manera, el Dr. Roberto Garibay se declaró “defensor de un reino”, pues fue profundamente enfático en señalar que no es posible que una ley sobre medioambiente no explicite a los hongos (reino funga) en su contenido, pues hay miles de investigaciones que respaldan el papel fundamental de los hongos en el equilibrio ambiental, la importancia de su papel simbiótico con las más plantas, pues el 90% plantas terrestres tienen simbiosis de hongos en su raíz lo cual les permite obtener nutrientes carentes en el suelo, agua e incluso defenderse de plagas, y su relevancia biocultural, sobre todo en un país como México donde los hongos son parte ritual, de las medicinas tradicionales y mucho más. Por lo que estas reformas al no hablar de la funga caen en lo que el doctor señaló como un “miopía científica de las leyes”.

Otros vacíos considerables y ciegos antes las problemáticas ambientales de urgente atención es la falta de conceptos que han sido clave en la defensa del territorio como es la denominación de Regiones de Emergencia Ambiental y Sanitaria (RESA), tal como afirmó Adriana Martínez,  representante del Centro Fray Julián Garcés. El Dr. Andrés Barreda que señaló que existen más 70 RESA a lo largo y ancho de México, denominaciones que están basadas en evidencia científicas y cuyo estado de devastación ambiental es resultado de regulaciones ambientales laxas y de prácticas económicas que han tenido su auge durante el neoliberalismo, por lo que es necesaria una reforma jurídica que evite que existan más zonas así y que permitan la remediación y saneamiento de las ya existentes. En las RESA enfermedades como el cáncer tienen una alta incidencia y hay una altísima contaminación de aire y agua. No utilizar este concepto en una ley de protección ambiental es en palabras del Dr. Barreda, “aceptar sin más que las zonas de sacrificio existen y son toleradas”.

También llama la atención, tal como lo apuntó la Dra. Daniela Pedroza, la posibilidad contemplada en el artículo 53 de las reformas mencionadas que permitiría presentar evaluaciones de impacto ambiental con posterioridad al inicio o al término de un proyecto. Esta posibilidad enciende las alarmas, pues muchos proyectos que generarían gran daño ambiental han sido detenidos gracias a evaluaciones ambientales previas o por falta de las mismas. La opción contemplada en la reforma daría pie a que megaproyectos puedan iniciarse y sea aún más complicado detenerlos. También señaló la falta de atribuciones concretas a organismos como la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).

La vigente LGEEPA fue propuesta en 1988, esto la hace una ley desactualizada y anacrónica ante el horizonte ambiental actual caracterizado por la emergencia: el Cambio Climático y las consecuencias que ya vivimos tanto los seres humanos como las especies con las que cohabitamos el plantea; la contaminación ambiental que tiene como sus máximos exponentes los infiernos ambientales que no nos son ajenos: están los casos de la presa Endhó, el agua contaminada y no apta para el consumo ni uso del agua que día a día llega a los habitantes de Guadalajara y los casos que durante décadas han sido estudiados como el río Atoyac o el río Santiago. Una ley que fue concebida ajena a estas realidad no funciona en la actualidad.

A su vez, en términos de conocimientos las investigaciones que en las últimas cuatro décadas, desde la emisión de la LGEEPA, se han generado también hacen ver a esta legislación como anacrónica. Ni qué decir de términos como la justicia ambiental, que hoy en día sabemos es indispensable para la justicia social.

Lo anterior hace que sea necesaria una reforma, pero debemos ser críticas con ella y darle seguimiento a esta propuesta que ha sido turnada a comisiones para su análisis.

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