- Investigadores de la UNAM advierten que las ciudades mexicanas cargan décadas de negligencia hídrica que hoy se traducen en inundaciones, vulnerabilidad climática y pérdida de vida. Urgen políticas de largo plazo para rescatar ríos urbanos, recuperar su función ecológica y reconstruir la relación entre territorio, sociedad y agua.
MÉXICO.- En México, las ciudades han aprendido —mal— a vivir de espaldas al agua. Construidas sobre ríos entubados, lagos desecados y cauces convertidos en calles, las urbes del país se debaten entre la expansión inmobiliaria y la vulnerabilidad climática. Y sin embargo, en los márgenes, comienza a levantarse una pregunta urgente: ¿qué significa reconstruir una relación con el agua en pleno colapso urbano?
Esa fue la línea que atravesó el “Seminario Rescate de ríos urbanos: experiencias recientes y nuevas perspectivas”, un encuentro que reunió a especialistas de la UNAM y de instituciones nacionales para pensar un futuro donde los ríos no sean drenajes ocultos, sino sistemas vivos capaces de regenerar ciudades.
Marcela Amaro Rosales, directora del Instituto de Investigaciones Sociales, lo dijo sin rodeos: “el agua se volvió invisible”. La urbanización mexicana, explica, se erigió sobre la negación del paisaje acuático. Pero la tendencia internacional —de Seúl a Medellín— apunta a lo contrario: restaurar ríos, abrir espacios públicos, crear corredores ecológicos y devolver a las ciudades lo que ellas mismas enterraron.
Y mientras otras naciones avanzan, México intenta recuperar el tiempo perdido. Amaro advierte que la restauración pluvial no es una moda ambientalista, sino una pieza para repensar la vida urbana en clave de justicia ecológica, social y territorial.
Ríos que arrasan porque fueron olvidados
Manuel Perló Cohen, coordinador del seminario, recordó que las tragedias recientes —muertes, infraestructura devastada en cinco estados— tienen un origen común: ríos urbanos convertidos en zonas de riesgo por décadas de negligencia. “A una ciudad se le conoce por su relación con el agua”, señaló, y México está en un punto decisivo: lo que se haga hoy definirá el futuro de 453 ciudades.
En un país que entubó sus ríos para ganar suelo urbano, la paradoja es evidente. José Gazca Zamora, director del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad, lo explicó con crudeza: la capital del país desecó su cuenca lacustre y ahora depende de traer agua desde lejos, mientras las zonas más pobres —Iztacalco, Iztapalapa, Nezahualcóyotl— pagan la factura de las decisiones que negaron la hidrografía original.
Hacia una gobernanza hídrica y comunitaria
Modelos como el surcoreano muestran que los ríos pueden convertirse en ejes de diálogo comunitario y gobernanza sostenible. Y en México, esa discusión apenas empieza.
David Morillón Gálvez, del Posgrado en Urbanismo, apuntó que frente a fenómenos como las islas de calor, los ríos abiertos pueden convertirse en herramientas de mitigación climática y regeneración territorial.
Luis Antonio Moya Fonseca, del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, subrayó que el rescate hídrico solo será real si trasciende sexenios. Se necesita una política de Estado: técnica, científica y de largo plazo.
Finalmente, Roberto Escalante Semerena, de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe, recordó que no basta con conocimiento técnico; hace falta colaboración regional y redes que miren al agua desde una perspectiva social, no únicamente ingenieril.
México sabe mucho de agua, pero actúa como si no la necesitara. La restauración de ríos urbanos no es solo una obra ambiental: es una reconstrucción histórica, cultural y política. Un intento por reconciliar ciudades que crecieron negando la geografía con territorios que ya no pueden seguir esperando.
El rescate de los ríos comienza como una idea, pero solo será real cuando las ciudades los vuelvan a nombrar.