Fotografía: José Luis Prado

Cuestionar ideas de territorio e identidad, meta de Enrigue en “Ahora me rindo y eso es todo”

En CAMALEONES Redacción Leviatán

PUEBLA, MÉXICO.- No poner en la voz del otro la teoría de lo que el otro piensa fue el que Álvaro Enrigue afrontó en la escritura de Ahora me rindo y eso es todo, novela que se presentó en Profética, Casa de la Lectura.

En conversación con José Luis Escalera se habló de la vindicación de la escritura y la construcción de un paisaje fronterizo –entre México y Estados Unidos–, donde se asoman el presente y el pasado, misioneros, colonos y también los otros, los indios de las tribus ya civilizadas, o aún salvajes.

El autor, quien confesó ser amante del género western, por un mundo que ya no está, dijo que en la novela expuso la última guerra de ocupación en América que se dio en el terreno de Apachería, batallas que dejaron grandes historias de guerreros apaches que, dijo, también fueron mexicanos.

“La guerra apache es un momento fundacional para la modernidad. Gerónimo en términos culturales no nos pertenece, pero fue uno de los primeros mexicanos. Nació en Nuevo México cuando aún era territorio mexicano”.

Asimismo explicó que una de sus metas a lo largo de la escritura de la novela era cuestionar la idea de un territorio, un color de piel y una religión en un mundo diverso

Enrigue expuso que la novela, una biografía literaria de Gerónimo, discute el tema de la presunta extinción de los pueblos originarios como una forma de dar por concluido un proceso de ocupación y mestizaje; sin embargo, señaló que ese proceso no ha concluido porque esos pueblos de alguna manera se han integrado al tiempo occidental.

“La última generación de guerreros chiricahua son nuestros contemporáneos. Gerónimo era un hombre de nuestro tiempo y su testimonio está allí en sus memorias, en los cientos de retratos que hay de él en lo individual y en batalla”

El también autor de autor de La muerte de un instalador e Hipotermia, libro de relatos que encierran también una reflexión sobre la escritura, dijo que para él la mejor forma de contar esta novela era con un narrador que recorriera con su familia el terreno apache con la mirada del investigador que comente la historia de los tres jefes apaches con los que convivió Gerónimo, que recuperara la memoria de que este chamán guerrero luchó contra México y luego contra el Ejército norteamericano.

“Un novela es también un juego. Me parece divertido que los personajes se llamen como mis hijos y mi mujer de entonces; y creo además que puede tocar las fibras emocionales de lector”, comentó respecto al ficcionalizar a su familia y a él mismo.

Ahora me rindo y eso es todo, últimas palabras del apache Jerónimo antes de entregarse al Ejército estadounidense, pone ante nuestros ojos muchas cosas que aparecen y se entrelazan en una continúan invención de realidades y un sucesivo cuestionamiento de las azarosas o manipuladas certezas de la identidad.

 

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