Fotografía: Especial

Comunidad lésbico-gay, la otra cara de la discriminación entre migrantes

En ESPECIALES Iván Santiago Marcelo / Notimex

CIUDAD ISLA, VERACRUZ.- Entre una multitud que durante más de 15 días ha transitado por las carreteras del sur de México, aparece un pequeño grupo que camina con mucha seguridad, pero también con mucho miedo; su presencia es notoria, algunos son gays, otras son lesbianas, bisexuales o transgénero, pero todos son migrantes expulsados de sus países.

Piden respeto, porque así como muchos de los centroamericanos que avanzan en la caravana hacia Estados Unidos, luego de verse orillados a dejar El Salvador, Honduras y Guatemala por la pobreza y la inseguridad, ellos también son vulnerables, pero además vienen huyendo de la homofobia y la discriminación.

Sin embargo, reciben poco, o más bien nada de lo que piden, pese a ser hermanos de la misma región, estar en las mismas condiciones y compartir el mismo anhelo: cruzar a Estados Unidos y tener un empleo que les permita mejorar sus condiciones de vida.

De acuerdo con el informe global de 2016 de Trans Murder Monitoring Project (Observatorio de Personas Trans Asesinadas), de los 65 países que reportaron, el 78 por ciento de las muertes violentas de personas trans ocurrió en América Latina.

En tanto que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) refiere que en esta región algunos estudios han evidenciado la violencia homofóbica y transfóbica en el sector educativo. Además de que, entre el 44 al 70 por ciento de las mujeres trans ha sentido la necesidad de salir de su casa o fueron obligadas a irse de sus hogares.

También las mujeres lesbianas son vulnerables a la violencia física y emocional en sus comunidades, mientras que las personas intersexuales son sometidas a cirugías de reasignación de sexo sin su consentimiento.

La ONU alerta que por la vulnerabilidad, la violencia y otras formas de persecución, las personas LGBTI están en mayor riesgo de desplazamiento forzado. Sin embargo, cuando salen de sus países buscando refugio, no se le reconoce la necesidad de protección internacional y sufren muertes violentas, amenazas, detenciones ilegales y violencia sexual y de género.

Entre chiflidos, abucheos, palabras como “perra”, “zorra”, “paras el tráfico”, además de tocamientos, la comunidad lésbico, gay, bisexual, transgénero, travesti, transexual e intersexual (LGBTTTI) ha sobrevivido el largo viaje que inició la caravana migrante el 12 de octubre en San Pedro Sula, Honduras.

Cada uno de ellos viaja por su lado, pero en este duro caminar se fueron conociendo y van conformando este colectivo que no se cansa de demandar respeto y condiciones igualitarias en la travesía hacia Estados Unidos.

De acuerdo con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la violencia está expulsando cada vez a más centroamericanos de sus hogares.

En 2017 la cifra se disparó y el número de solicitantes de asilo y refugiados aumentó 58 por ciento con respecto a 2016.La comunidad LGBTTTI se encuentra entre algunos de los más de 294 mil centroamericanos que en 2017 solicitaron asilo, así como de refugiados que fueron registrados en 2017, cuando esta cifra representó 16 veces más que en 2011.

La mayoría de los centroamericanos registran sus solicitudes en Belice, México y Estados Unidos, y de forma creciente, en Costa Rica y Panamá, porque dicen que en esos países sus derechos están mejor garantizados que en los suyos.

“Nosotros no tenemos leyes que avalen nuestros derechos como integrantes de la comunidad LGBTTTI, que se nos trate de una manera digna y justa, porque merecemos un tratado digno, que se hagan ver nuestros derechos”, expresa Eduardo Rafael Guerrero Castro, originaron de Santa Ana, El Salvador.

El joven gay de 25 años de edad que dejó de estudiar lenguas para tomar esta aventura, relata que ha sufrido mucha discriminación en su camino hacia Estados Unidos, porque no tiene apoyo.

“Ha sido muy difícil, somos los más vulnerables de la caravana, sufrimos una crisis humanitaria y necesitamos de su apoyo. Hermanos centroamericanos que pertenecen a nuestra comunidad, unámonos todos”, dijo.

Teresa, quien viene de Honduras y viaja en este contingente de entre seis mil y siete mil personas, afirmó que no imaginaba lo que viviría a lo largo de este recorrido, al grado de que estuvo apunto de abandonarlo hace algunos días.

“Venimos pidiendo ayuda para que nos respalden, no más humillaciones ni más desprecios, lo que hace la gente es gritarnos e insultarnos, todo es discriminación”, dijo la joven trans que dejó su hogar a sus 20 años de edad.

Señala que ella y sus compañeras están cansadas de la discriminación: “Queremos regresar, pero no podemos porque venimos de ser discriminadas y queremos ayuda porque somos muchas”.

“Espero que nos escuchen y nos apoyen. Huimos de la pobreza, pero más por la violencia, porque nos atacan como animales por ser de la comunidad gay o trans”, precisó la joven al referirse a la situación que viven en su país.

La mayoría de los que integran la comunidad LGBTTTI son jóvenes y van en busca de un trato igualitario. Jairo David, de El Progeso, Honduras, es otro de los chicos gay que alza la voz para demandar justicia social.

“Vengo huyendo de la discriminación, el racismo, falta de empleo y también porque nos tratan muy mal, yo he sido golpeada como tres veces por la homofobia que hay en nuestro país y eso fue lo que me impulso a salir huyendo rumbo a Estados Unidos”, expresó.

Con 20 años de edad, dice haber sufrido mucho por el machismo, porque “aún dentro de la caravana soy excluida y todo eso me molesta, yo pensé que las personas con las que venía íbamos a ser iguales y nos íbamos a apoyar”.

“Me discriminan, somos bien vulnerables y seguimos adelante y esperamos llegar a la meta, que es Estados Unidos”, refiere y aclara que está decepcionado de la situación que ha pasado en estos 15 días en la caravana.

Edgar Corzo Sosa, quinto visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), señaló que la comunidad LGBTI que avanza en la caravana es vulnerable tanto en su interior como al exterior, aunque el primero es el más fuerte.

“No hay un entendimiento de que también son personas. Ahí nos falta mucha sensibilidad, yo creo que ese es un tema que debiera tratarse para lograr que entiendan entiendan cuál es la situación del grupo LGBTI”, dijo.

Reconoció que las agresiones son fuertes hacia ellos, por lo que considero necesario hacer un esfuerzo para que los organizadores de la caravana tomen en cuenta esta situación; “faltan acciones concretas para hacer una garantía de su ejercicio de derechos tal cual”.

El contingente avanza, pero ya se dieron cuenta que este grupo necesita ser respetado, incluso Pueblos sin Fronteras, la organización que los acompaña, exige un trato igualitario y que todos se miren como hermanos.

Mientras tanto, el pequeño grupo sigue caminando, con seguridad, pero con miedo.

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