Fotografía: Especial

La Luna, el romance eterno con la Tierra

En CIENCIA Y TECNOLOGÍA Ismael Bucio / Notimex
  • Neri Vela, Silvia Torres y José Franco destacan 49 aniversario de la llegada del hombre a la Luna

MÉXICO.- La llegada del hombre a la Luna, hace 49 años, fue un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad, tal y como lo destacó el astronauta estadunidense, Neil Armstrong, cuando se convirtió en el primer ser humano en pisar la superficie lunar, 360 años después de que el astrónomo inglés, Thomas Harriot, realizara los primeros dibujos y mapas del satélite natural de la Tierra.

La Luna -único lugar fuera de la Tierra donde los humanos han puesto un pie- se puede observar a simple vista con sólo levantar la mirada al cielo durante la noche o en las primeras horas del día, pero la distancia entre ambas es cercana a los 384 mil 400 kilómetros.

La lista de beneficios de ese acontecimiento para la humanidad, afirmó en entrevista con Notimex Rodolfo Neri Vela, el primer mexicano en el espacio, es interminable y constituyó una revolución científica y tecnológica.

En su opinión, la llegada del hombre a la Luna el 20 de julio de 1969, aportó un sinfín de conocimiento, y el más importante fue saber la composición y características del suelo lunar.

La Luna, como objeto de estudio científico, sigue siendo tema de debate a pesar de que desde 1969 y 1972, el programa Apolo de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) hizo seis alunizajes exitosos, a las que se suman las exploraciones robóticas recientes.

Una de las teorías más aceptadas dentro de la comunidad científica, es que este satélite que brilla porque su superficie refleja la luz del Sol, se formó después del choque de un cuerpo del tamaño de Marte con la Tierra.

“En esa colisión salió disparada parte de la masa de la Tierra y ese material formó la Luna en un tiempo relativamente corto, de tal forma que ambas están íntimamente ligadas”, comentó el doctor en astrofísica, José Franco, quien también se refirió a este acontecimiento y a su trascendencia.

A la par de la formación del Sol también lo hicieron los planetas, de tal forma que la Luna está hecha de un material similar a todos los objetos del Sistema Solar.

“El planeta con el cual supuestamente chocó la Tierra estaba formado del mismo material del cual se formó el Sol”, comentó el también coordinador general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT).

Con un radio de mil 737 kilómetros, menos de un tercio del ancho de la Tierra, la Luna tiene un núcleo interno sólido, rico en hierro de 240 kilómetros de radio. Un manto que se extiende desde la parte superior de la capa parcialmente fundida hasta el fondo de la corteza lunar.

La corteza, hecha de oxígeno, silicio, magnesio, hierro, calcio y aluminio, con pequeñas cantidades de titanio, uranio, torio, potasio e hidrógeno, tiene un grosor cercano a los 70 kilómetros en el hemisferio próximo al costado de la luna y de 241 kilómetros en su extremo opuesto.

La razón por la cual la Luna siempre le da la misma cara al “planeta azul”, es por la atracción de la Tierra sobre su satélite, la cual genera que esta tenga su órbita y rotación amarrada a su anfitrión, según explicó José Franco.

El planeta lunar forma una órbita completa alrededor de la Tierra en 27 días terrestres. Sin embargo, debido a que el “planeta azul” también se mueve y rota sobre su eje mientras orbita el Sol, la Luna parece orbitarnos cada 29 días, explica la NASA.

“La Luna ha sido muy importante en la definición de nuestra vida, tan es así que la caracterización de los meses está dominada por el tiempo que tarda la Luna en repetir los periodos”, destacó la primera doctora mexicana en astronomía y presidenta de la Unión Astronómica Internacional (IAU, por sus siglas en inglés), Silvia Torres Castilleja.

La Luna es ese “hermoso cuerpo” que vemos en el cielo, que cambia de características conforme pasan los días y tiene cuatro fases que han ayudado a la humanidad a definir las semanas, destacó la investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La primera es la “Luna nueva”, ocurre cuando la Luna se sitúa entre el Sol y la Tierra; la parte iluminada está en su parte posterior y, por lo tanto, no es visible a simple vista y dura un día cada mes.

“Cuarto creciente” se da en el momento donde se observa que la Luna se está en un ángulo de 90 grados con respecto al Sol y la Tierra, por lo que se ve una mitad oscura y otra iluminada, esta permanece 13 días.

Una tercera fase es la “Luna llena”, que es cuando el hemisferio de la Luna que podemos ver desde la Tierra está iluminado por completo por el Sol, la cual dura de 3 a 4 días.

El “cuarto menguante” ocurre cuando el astro se encuentra, otra vez, en un ángulo de 90 grados con respecto al Sol y la Tierra, no obstante, en esta ocasión su cara iluminada es la que permaneció oscura durante “cuarto creciente” con una duración de 13 días.

“La presencia de la Luna hace que las mareas se determinen en altamar y bajamar. También los saben algunos crustáceos, pues su vida está regida por las mareas”, apuntó.

“No sé cuáles serían los efectos de no tener Luna. Posiblemente no fueran demasiados, pero si fuera una ausencia súbita, por supuesto que sí habría, dijo la astrónoma.

A su vez, Rodolfo Neri Vela destacó la importancia de los estudios científicos que se han realizado de las rocas lunares pertenecientes a diversas regiones que fueron traídas a la Tierra, ya que en cada misión se descendía en una zona diferente.

Aseguró que las primeras fotografías de la Tierra tomadas desde la Luna, mostraron a nuestro planeta como una joya azul suspendida en el negro del espacio, “hermosa y frágil a la vez”, llena de vida pero expuesta a todo tipo de peligros.

De esta manera, comentó, surgió el movimiento ecologista y el tomar conciencia de la importancia de cuidar el único lugar donde, hasta ahora, nosotros podemos vivir.

Así, desde tiempos prehispánicos, la Luna ha sido objeto de adoración, de inspiración para componer canciones, poemas, libros, películas y fotografías, donde los autores enaltecen aún más su belleza. Y es que, por ejemplo, la Luna vive un romance eterno con el Sol, y de ello da cuenta su cita cada “eclipse de amor”.

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