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Puebla vive la Semana Santa: fe, tradición y calles llenas de historia

En PUEBLA Clara Aceves
  • Del 29 de marzo al 5 de abril, la ciudad de Puebla se llena de celebraciones religiosas encabezadas por la Catedral, destacando la multitudinaria Procesión de Viernes Santo, uno de los actos de fe más importantes de América Latina.

PUEBLA.- Hay momentos en el año en los que Puebla se transforma por completo, y la Semana Santa es, sin duda, uno de ellos.

Las calles del Centro Histórico cambian de ritmo, el sonido de las campanas se vuelve constante y la ciudad se llena de visitantes y de fieles que llegan para vivir, a su manera, uno de los periodos más significativos del calendario religioso.

Desde el Domingo de Ramos y hasta el Domingo de Resurrección, la agenda está llena de celebraciones que invitan a la reflexión, pero también al encuentro con una tradición profundamente arraigada en la identidad poblana.

El corazón de todo ocurre en la Catedral, donde cada día se realizan misas, procesiones y actos litúrgicos que acompañan el camino de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Desde la bendición de palmas hasta la Vigilia Pascual, cada momento tiene un simbolismo especial que se comparte entre generaciones.

Pero si hay un evento que lo cambia todo, que detiene la ciudad y convoca a miles, es la Procesión de Viernes Santo.

Programada para el 3 de abril a las 12:00 horas, esta manifestación de fe saldrá desde la Catedral y recorrerá el Centro Histórico, reuniendo a cerca de 180 mil personas. No es solo una procesión: es una experiencia colectiva donde el silencio, la devoción y la historia se entrelazan.

Las imágenes que participan —algunas con siglos de antigüedad— avanzan lentamente entre calles llenas de respeto y asombro, acompañadas por el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa y miles de fieles que encuentran en este recorrido un momento de profunda conexión espiritual.

Y aunque la fe es el eje, la Semana Santa también tiene otro rostro: el de la cultura y el turismo. Puebla se convierte en un punto de encuentro donde visitantes descubren no solo las celebraciones religiosas, sino también la riqueza arquitectónica, gastronómica y cultural de la ciudad.

A esto se suman otras expresiones tradicionales, como la Procesión del Silencio o las representaciones religiosas en municipios cercanos, que amplían la experiencia más allá de la capital.

Así, entre incienso, pasos pausados y miradas al cielo, Puebla confirma que la Semana Santa no solo se celebra, se vive.

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