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El hechizo de “Aura” llega a escena en Puebla como una inmersión sensorial

En CAMALEONES Yussel Dardón
  • El hechizo de Aura, de Carlos Fuentes, revive en Puebla con una puesta en escena que transforma la oscuridad literaria en experiencia sensorial. Bajo la dirección de Teatro Freak y con el apoyo del IMACP, la obra rinde homenaje a Juan Tovar y al poder de los sueños que alteran la realidad.

PUEBLA.- Puebla volverá a soñar con “Aura”. La mítica novela de Carlos Fuentes, que desde su publicación en 1962 hechizó a generaciones con su atmósfera gótica y su exploración del deseo, la memoria y la muerte, cobrará vida en los escenarios bajo la dramaturgia de Juan Tovar y la dirección de Cuentos para no dormir–Teatro Freak.

La puesta en escena “Aura, la esencia de la memoria” formará parte del Festival La Muerte es un Sueño y tendrá funciones el 1 de noviembre, a las 17:00 y 19:00 horas, en el Teatro de la Ciudad de Puebla, en Juan de Palafox y Mendoza #14.

El montaje, resultado de casi ocho meses de trabajo creativo, reinterpreta la novela desde un dispositivo escénico interdisciplinario que conjuga literatura, artes sonoras, visuales y sensoriales. Su propósito: recrear la atmósfera lúgubre, mística y onírica que define la obra de Fuentes. Porque como escribió el autor en Aura, “las imágenes del sueño alteran la realidad o la realidad se ve contaminada por el sueño”.

La propuesta surge como una apuesta arriesgada por convertir la palabra escrita en experiencia física. La producción, respaldada por el estímulo Compañías Circulares IMACP 2025, cuenta con la participación de actores como Ricardo Azari y Margarita Cuétara, además de un destacado equipo creativo: Jorge Gamboa en el diseño de arte, Ricardo Ramírez Durán en la composición orquestal y Jorge Tlatoa en el diseño de iluminación.

El proyecto también involucra la colaboración de la Universidad del Valle de Puebla, cuyos estudiantes de Diseño de Modas, bajo la tutoría de Alejandra Huerta Ortega, aportan su visión estética a una puesta que busca, en palabras de sus creadores, “resucitar la memoria de los muertos y la sensibilidad del espectador”.

La obra, concebida como un homenaje a Carlos Fuentes y a Juan Tovar, revive la tensión entre lo erótico y lo sobrenatural que habita la novela. “La soledad es necesaria para alcanzar la santidad. Se han olvidado de que en la soledad la tentación es más grande”, escribió Fuentes, y esa frase parece resonar en cada sombra, en cada respiración de esta nueva versión teatral.

Para los creadores, Aura es también una reflexión sobre el paso del tiempo y la persistencia de la memoria: “Una vida, un siglo, cincuenta años: ya no te será posible imaginar esas medidas mentirosas, ya no te será posible tomar entre las manos ese polvo sin cuerpo.”

En palabras de Mónica Tovar, productora de la puesta, esta versión es “un sueño para no dormir”, un ejercicio de evocación que busca que el público “sienta el escalofrío de encontrarse con su propio reflejo en la penumbra”.

Al final, lo que propone Aura, la esencia de la memoria es una experiencia que diluye las fronteras entre sueño, deseo y realidad: un conjuro escénico que recuerda que la literatura —como la muerte y el amor— nunca termina de decir lo que quiere decir.

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