Fotografía: Especial

México rompe inercias: 15 millones dejan la pobreza en seis años

En COLUMNAS Magaly Herrera
  • La disminución histórica de la pobreza y la desigualdad revela el impacto de un modelo que prioriza el sector social sobre el privado. Más que cifras, es un cambio estructural que busca transformar la vida de millones, aunque enfrenta la resistencia de una oposición anclada en la visión capitalista tradicional.

A poco más de la mitad de este 2025, México celebra la disminución histórica de la pobreza; quizá la mayor victoria de la Cuarta Transformación, basada en un modelo socioeconómico que se resume en una frase: “primero los pobres”.

El triunfo no es menor si se consideran tres factores: el contexto, el tiempo y la inercia de una mentalidad impuesta en millones de mexicanas y mexicanos que crecimos con el engaño y la desesperanza de que nacer y morir en un país pobre era el destino más estable posible.

  1. Lograr que 13.4 millones de personas en México hayan dejado la pobreza, y 2 millones más la pobreza extrema, constituye una victoria inédita en tiempos en que nuestro país implementa un modelo que fortalece e impulsa el sector social sobre el privado —ese que favorece a las corporaciones, haciendo del capital su único amo y guía—. Es decir, avanzamos a pesar de la dificultad global que nos impone un sistema capitalista.
  2. Si bien es cierto que hay enormes desafíos, también lo es que, en el lapso de un sexenio, las cifras muestran que el modelo que actualmente se implementa está funcionando. Los programas sociales y el aumento al salario mínimo no son dádivas: son un fortalecimiento del sector social, que no solo ha tomado relevancia política y social, sino también económica.
  3. Debemos tener claro que la oposición burguesa a este modelo social basará su crítica en criterios cortoplacistas que despojan de contexto la transformación que está ocurriendo en nuestro país. Reconfigurar esa mentalidad en los ideales de un nuevo régimen no es fácil, pero hay datos que pueden ayudar a comprender mejor esta nueva visión de país, que busca transformaciones estructurales para que nos vaya bien a todas las personas y no solo a un puñado que perpetúa su riqueza a costa de que las demás se fundan en las carencias. Total, siempre habrá un sistema robusto de medios para invisibilizar a los pobres o folclorizarlos en una retórica electoral.

La disminución de la pobreza y la desigualdad en México tiene implicaciones y complejidades de gran profundidad, porque contribuye a despresurizar una serie de conflictos sociales que se anidan en la precariedad, la injusticia y el sometimiento. Es, desde una perspectiva general, atender las causas de todo lo que nos lastima en lo cotidiano.

Dejemos que las y los economistas analicen con mayor minucia los datos. Lo que ahora nos toca es cuidar y transformar, desde este papel protagónico que la historia ha dado al sector social, un entorno de cooperación y no de competencia. De lo contrario, solo aplazaremos, en nuestra realidad inmediata, la agonía de un modelo capitalista que, en países como el nuestro, sigue siendo un resabio eficaz para el engaño y el autoritarismo.

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