- Hoy se permite vislumbrar un nuevo presente y un futuro próspero, una vez librada la ofensiva empresarial que pretendía imponer proyectos extractivos con impactos devastadores en al menos 39 municipios
PUEBLA, MÉXICO.- Con la victoria histórica del pueblo maseual, que hermana a los pueblos totonacos y nahuas en la defensa de su territorio, la Sierra Nororiental de Puebla se ubica como una región clave en América Latina para el desarrollo con pertinencia ambiental, pluricultural y de autodeterminación de los pueblos indígenas.
El pasado 2 de julio de 2025, el Tercer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Sexto Circuito resolvió cancelar de manera definitiva las concesiones de Atexcaco I y II y Macuilquila, lo que libera 7,526 hectáreas en los municipios de Cuetzalan, Tlatlauquitepec y Yaonáhuac de actividades de explotación minera, fracking e hidroeléctricas que amenazaban la riqueza biocultural de esta zona.
Para Nazario Diego Téllez, representante común del Consejo Maseual, se trata de una victoria iniciada desde 2014 con el acompañamiento de diversas organizaciones sociales, comunitarias, académicas y legales, y que hoy permite vislumbrar un nuevo presente y un futuro próspero, una vez librada la ofensiva empresarial que pretendía imponer proyectos extractivos con impactos devastadores en al menos 39 municipios.
“Vamos a seguir informando de esta victoria a todos los pueblos y festejar la defensa del territorio y la vida para iniciar la construcción de planes de vida. Dentro de la unión de cooperativas Tosepan ya hay un grupo de investigadores que buscan emprender proyectos de innovación energética que respeten nuestro entorno”, explica Nazario en entrevista para Leviatán y la revista La Campiña.
Como pueblos originarios, la lucha por defender el Altépet es histórica, porque “se trata de cuidar nuestro espacio de vida. El agua y los cerros son espacios sagrados, parte de nuestra identidad y fuente de vida que debemos recuperar, porque el agua y el suelo son la extensión de nuestro cuerpo”.
A diferencia del municipio de Ixtacamaxtitlán, también en Puebla —donde la Minera Gorrión (filial de Autlán) se instaló desde 2003 para explorar yacimientos de oro y plata—, en la Sierra Nororiental los pueblos nahuas y totonacos se unieron para solicitar información clara y técnica que les permitiera conocer si había concesiones en su territorio. Sólo así pudieron detener el avasallamiento del entorno.
“Para nosotros hay una hermandad importante, y culturalmente hemos compartido ciertas experiencias, sobre todo en la lucha contra los megaproyectos”, afirma Nazario Diego, bajo la premisa de que la organización es clave para enfrentar la devastación que las empresas venden como desarrollo.
Este litigio contra las mineras es de los más observados en América Latina. El pueblo organizado en el Consejo Maseual Altepetajpianij —que logró reunir hasta seis mil habitantes para participar en una ejemplar consulta libre, previa e informada— diseñó y ejecutó un modelo de asambleas con el acompañamiento de personas con experiencia y autoridad moral entre los pueblos.
La defensa del Altépet no fue sencilla. El ordenamiento territorial en Cuetzalan, oficializado en 2010, marcó un antecedente para esta victoria. “La gente no creía. De las mineras no se sabía mucho […] En septiembre de 2014 se tomó protesta al Consejo Maseual Altepetajpianij como vigilantes, y se pensó cómo hacer una demanda para defender nuestros derechos como pueblos originarios. Había miedo de enfrentar al gobierno o a las empresas que tienen todo el poder y el dinero para asustarnos, pero no nos detuvimos”.
Esta decisión sienta un precedente clave en la defensa del territorio indígena y el respeto a los derechos colectivos en México, y es una referencia para otros movimientos en América Latina.