- Gemma Joya, madre joven y autónoma en Zacatlán, enfrenta jornadas extenuantes, estigmas y la falta de oportunidades que anulan los derechos de miles de mujeres. Hoy impulsa una campaña para estudiar Gastronomía y construir un futuro digno para ella y su hijo, en un país donde la maternidad autónoma sigue siendo castigada por la desigualdad.
PUEBLA.- El problema de poder con todo es que el mundo te toma la palabra y te deja sola. Es la realidad de millones de mujeres que, como Gemma Joya, una madre joven y autónoma, han enfrentado un sistema que les da la espalda. Por eso su historia, llena de miedos, es más que la idea romántica de un sueño: es la posibilidad de conquistar sus derechos.
Cuando su familia y el padre de su hijo decidieron que ella debía hacerse cargo de su vida y de la de su pequeño, porque “era muy joven para maternar”, los hermosos bosques que rodean el municipio serrano de Zacatlán, Puebla, donde habita, se convirtieron en muros fríos. Como la neblina de la serranía, la culpa y los juicios la envolvieron y la sobrepasaron.
Si de por sí experimentar la maternidad juvenil es un recorrido incierto, los juicios morales, los estigmas y las fallas estructurales de un sistema diseñado para que las mujeres madres permanezcan únicamente en el cuidado de sus hijas e hijos lo complejizan todo. Empezando por diluir, o incluso anular, derechos básicos: estudiar, trabajar, acceder a la salud, tener paz y descanso.
Así han transcurrido los últimos cuatro años de Gemma. Al maternar sola, tuvo que multiplicar sus jornadas laborales, encadenando hasta ocho turnos para cubrir la renta y los gastos diarios. El trabajo para sobrevivir se convirtió en una prisión que pocas veces le permite, por ejemplo, desayunar a solas con su hijo.
Ese “desayuno familiar” en el que las personas se reúnen, aunque sea para beber un café o un licuado, es un lujo para Gemma. Siempre debe salir muy temprano para llevar a su hijo a la guardería y correr a su primera jornada del día. Entre turno y turno, el cuidado de su hijo recae en otras personas que la apoyan mientras ella cumple con los compromisos necesarios para juntar lo esencial.
El hartazgo de una vida sin el derecho siquiera de maternar —aun con todos los juicios encima, como si haber elegido ser madre implicara un costo impagable— la llevó a un punto de quiebre: crear un mecanismo para estudiar una carrera y dar un giro a su vida que le permita obtener mejores ingresos como profesional, y no solo como cocinera amateur.
Hoy, además de vender postres y otros guisos para completar su ingreso familiar, Gemma lanzó una liga de donaciones voluntarias, desde 10 pesos, para costear útiles, uniformes y gastos tanto para ella como para su hijo. Donar aquí: https://www.gofundme.com/f/dona-para-ayudarnos-a-comenzar-nuestros-estudios
“No sé cómo le voy a hacer, pero estoy harta de sobrevivir. Y si lo voy a hacer por última vez, que sean los últimos años”, dice en un conmovedor video donde relata su rutina: pasar tiempo con su hijo, contar monedas, ajustar cada gasto. Su testimonio invita a reflexionar sobre una realidad nacional: en México, el 75.2% de las madres autónomas está económicamente activa; sin embargo, el 59% trabaja en la informalidad, lo que implica menor acceso a prestaciones y mayor vulnerabilidad.
Los gastos no se limitan al uniforme para cursar la carrera de Gastronomía en el Tecnológico de Zacatlán, una universidad pública, sino también a las horas que deberá restar al trabajo para estudiar, lo que inevitablemente reducirá sus ingresos.
Los juicios hacia la historia que Gemma ha compartido en su popular cuenta de TikTok no han faltado, como si ser madre joven tuviera que anular el resto de sus derechos. Hoy está a la deriva: en unos días tendrá que mudarse, y la decisión de dar este paso no es un acto heroico, sino un acto de justicia para ella y para otras mujeres a quienes el sistema ha abandonado.
La reflexión no es si debió o no ser madre, sino por qué no existen condiciones suficientes para serlo sin que los derechos a la educación, al trabajo, a la salud y a la paz mental se anulen.
Gemma ha hecho de todo: vender postres, crecer su presencia en redes para lograr más alcance, dar clases de yoga en línea por las tardes y noches, y asumir otros empleos semiformales. Para ella, la respuesta es clara: estudiar para mejorar sus ingresos.
La beca Jefas de Familia de la Secretaría de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación (Secihiti) es una opción, señala en entrevista. Sin embargo, necesita estar inscrita: “Y nadie sabe lo que implica dar ese primer salto. Es comprometer la vida y la de tu hijo por algo que parece una idea, pero en realidad es un derecho”.
“El camino ha sido muy duro y esto podría ser el inicio de algo muy grande”, insiste Gemma. Por eso busca que su historia llegue a más personas: para recibir apoyo directo, pero también para sembrar una reflexión colectiva sobre la realidad de millones de mujeres que, al decidir ser madres autónomas, son esclavizadas por un sistema que prefiere estigmatizarlas antes que garantizar sus derechos.
Para donar: https://www.gofundme.com/f/dona-para-ayudarnos-a-comenzar-nuestros-estudios