Foto: Especial

Árbol de la Esperanza recuerda en Puebla a más de tres mil personas desaparecidas

En PUEBLA Camila Jiménez

PUEBLA.- En el Zócalo de Puebla, justo donde cada diciembre comienzan las luces, los villancicos y la promesa de un tiempo festivo, en el último domingo de noviembre apareció un árbol que no busca brillar. Un árbol sin estrellas ni flores de nochebuena. Un árbol que duele. Frente al Palacio Municipal, el colectivo Voz de los Desaparecidos instaló el Árbol de la Esperanza, un memorial que recuerda a las más de tres mil personas desaparecidas en el estado y que exige, con la firmeza del silencio, verdad y justicia.

“Este árbol no va a medir 20 o 30 metros, ni va a brillar… ‘ese árbol no es bonito’”, dijo María Luisa Núñez, fundadora del movimiento, como si hablara no solo a la ciudad, sino a un país acostumbrado a mirar hacia otro lado. Porque este árbol está hecho de rostros, de historias estampadas en papel y vidas suspendidas.

Antes de levantarlo, varias madres se cubrieron el cuerpo con fichas de búsqueda. Caminaron así, con el peso simbólico de sus hijas e hijos ausentes adherido a la piel, atravesando la plancha del Zócalo como quien avanza por una herida abierta. “Ya no existen navidades para nosotras y nosotros, no ponemos árboles con luces”, dijeron entre abrazos que intentaban sostener un dolor que nunca cesa.

Este árbol, el de la esperanza, no pretende decorar la ciudad; pretende incomodarla. Es una denuncia levantada frente al bullicio navideño, una forma de decir que la desaparición no se puede normalizar. Cada fotografía colgada en sus ramas es un reclamo vivo. Una exigencia. Un acto de amor que se niega a desaparecer.

Por séptimo año consecutivo, Voz de los Desaparecidos realizó esta instalación, convertida ya en tradición de resistencia. Para Núñez, este árbol simboliza la resiliencia de las madres buscadoras, mujeres que no descansan aunque el calendario marque fiestas, feriados o conmemoraciones oficiales. “Nuestro árbol no es de Navidad, es de esperanza y de exigencia”, afirmó.

La activista también lamentó que, durante los discursos oficiales del 25 de noviembre —Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres—, la problemática de las mujeres desaparecidas fuera omitida. “Excluir la palabra ‘desaparecido’ es olvidar a quienes atraviesan violencias estructurales, económicas y laborales”, reprochó.

El Árbol de la Esperanza se quedó ahí, en medio del Zócalo iluminado, como una interrupción necesaria. Como un recordatorio de que miles de familias en Puebla no celebran la Navidad: esperan. Buscan. Luchan. Su lucha, como el árbol, permanece en pie incluso cuando las luces de diciembre se apaguen.

LO ÚLTIMO DE PUEBLA

Ir Arriba