Fotografía: Especial

Pita Amor, a 100 años del nacimiento de la “Undécima Musa”

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MÉXICO.- Excéntrica, violenta, difícil y considerada la poetisa más famosa y aclamada de los cuarentas y cincuentas del siglo pasado en México, así fue Guadalupe Teresa Amor Schmidtlein (1918-2000), “Pita Amor”, de quien este 30 de mayo se conmemoran 100 años de su nacimiento.

Su genio y figura la inmortalizaron, lo mismo que su belleza. Se ganó el nombre de “Undécima Musa” no sólo entre intelectuales, sino también gente del espectáculo y políticos.

En ocasión del centenario de su nacimiento, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) recordó a la escritora en la Sala “Manuel M. Ponce” del Palacio de Bellas Artes con la sesión “Sagrado sonambulismo”, bajo la dirección del dramaturgo Miguel Sabido.

El 25 de abril de este año, su entrañable amigo y biógrafo Michael K. Schuessler publicó el libro “Pita Amor, la undécima musa”, en una edición actualizada en reconocimiento a la poetisa y destacada artista.

Aunado a estos homenajes, el 31 de mayo próximo se proyectará en el Cine Tonalá una cinta sobre la faceta de la musa como pintora y dibujante. El largometraje fue realizado por Eduardo Sepúlveda, sobrino de la escritora.

Nacida en la Ciudad de México, la hija de Emmanuel Amor Suverbielle y Carolina Schmidtlein García Teruel, ambos miembros de la aristocracia mexicana, fue la menor de siete hermanos y se describía a sí misma como la mujer más vanidosa y la más bonita.

Desde pequeña se sintió atraída por la poesía y cuentan que ello se debía a que su familia acostumbraba, tras la cena, leer poemas de Luis Góngora (1561-1627), Francisco de Quevedo (1580-1645), Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695) y Ramón López Velarde (1888-1921), quienes influyeron en sus escritos.

En su juventud fue actriz y su belleza la inspiración de artistas como Cordelia Urueta, Martha Chapa, Alfonso Michel, Raúl Anguiano, Roberto Montenegro, Antonio Peláez, Juan Soriano y Diego Rivera, quien la pintó desnuda, lo que produjo gran escándalo en la familia Amor.

Mujer con sensibilidad a flor de piel, que le asustaba la oscuridad, siempre vivió rodeada de lujos. Fue estrafalaria porque conservaba la costumbre de cubrirse con vestidos escotados, mantones y capas; asimismo, no usaba ropa interior ni medias.

El escritor K. Schuessler y actualmente el más estudioso de su vida y obra, la recuerda como una mujer controversial por su forma de ser y su modo de vida.

“Era un personaje con una personalidad avasalladora, que no se dejaba dominar por nadie, que nunca pasaba inadvertida y aceptó por igual placeres y amarguras”, recordó el biógrafo, quien dijo quedar asombrado por la belleza y lírica de la poetisa mexicana.

Schuessler definió su obra como autorreflexiva y la comparó con el trabajo plástico de la pintora Frida Kahlo. Además, aseguró que así como ocurrió en la época de la kahlomanía, llegó el momento de la “pitamanía”.

De manera frecuente, la autora de “Yo soy mi casa”, “Décimas a Dios”, “Puerta obstinada” y “Polvo”, sus obras más emblemáticas, organizaba reuniones en su departamento en Río Duero y Pánuco, en la colonia Cuauhtémoc, donde asistían hombres que la amaban y mujeres que la asediaban.

También se reunían ahí grandes personajes de la lengua escrita de la talla de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Elena Garro, Juan José Arreola, Pina Pellicer y José Revueltas, por citar algunos.

Pita Amor tenía una personalidad avasalladora que no se dejaba dominar por nadie. Nunca pasaba inadvertida. Estaba demasiado enamorada de su persona, se hacía llamar “La Reina de la Noche”, porque tenía por costumbre recorrer desnuda el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México, tan sólo cubierta con su abrigo de mink.

Hermosa pero consentida, solitaria pero caprichosa, mujer indefinible como el universo, sin principio y fin, tuvo un hijo de nombre Manuel, para ella, Manuelito, quien a la edad de un año murió ahogado en una pileta de un jardín de tejocotes en San Jerónimo, lo que le provocó una gran crisis a Amor, marcándola desde ese momento la desgracia.

Tras ese episodio, la llamada “Undécima Musa” no deseaba ver a nadie, su vida personal se volvió silenciosa de un día para otro, se alejó y descuidó su aspecto físico.

Años después Pita apareció a principios de los ochentas como una mujer insolente, arrebatada y diferente. Después de 10 años decidió ofrecer un recital en el Ateneo Español.

Ahí mostró una memoria extraordinaria al recitar poesía mexicana, desde Sor Juana hasta Pita, pasando por Salvador Díaz Mirón, Manuel José Othón, Manuel González Montesinos, Alfonso Reyes, Enrique González Martínez, Renato Leduc, Xavier Villaurrutia, Ramón López Velarde y Roberto Cabral del Hoyo.

También fue conductora del programa “La señora de la tinta”, del Canal Once, y “Variaciones sobre un motivo poético”, de Radio Universidad; escribió en suplementos y diarios como “El Nacional”, “México en la Cultura”, entre otros.

Sonetista natural, escribió con obsesión sobre el miedo, la angustia y la soledad. Su poesía habla de la angustia de vivir, de Dios, de la nada; sus poemas se escribieron siempre en primera persona, tratando de la vida y su experiencia femenina.

Para intelectuales, políticos y artistas, Pita Amor se ganó el nombre de “Musa”. Fue una mujer que le encantó ser vista por los demás, no importaba si era con ropa o sin ella, con un poema o un escándalo, lo relevante era estar de boca en boca.

Pita Amor fue única y controversial, una mujer que rompió con todos los esquemas, ataduras de su época.

Fue una gran artista reconocida no sólo en México sino en el mundo. Sola y en el abandono, falleció el 8 de mayo de 2000 a la edad de 82 años, a consecuencia de una neumonía.

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