- El frente regional Noreste Sin Fracking advirtió que más de 1.6 millones de personas viven en territorios vulnerables y con estrés hídrico; señalan que 25 mil pozos aportarían solo 3.7 años de consumo nacional de gas y reproducirían daños socioambientales irreversibles.
MÉXICO.- El frente regional Noreste Sin Fracking, respaldado por 150 organizaciones, rechazó los planes del Gobierno federal para impulsar proyectos de fracking en las cuencas Sabinas-Burro-Picachos y Burgos, que abarcan territorios de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. El colectivo exigió la prohibición constitucional de esta técnica y la cancelación de cualquier pozo exploratorio en la región.
La postura surge después de que, el 6 de agosto, el Comité Científico del Gobierno federal recomendó prohibir el fracking en la cuenca Tampico-Misantla por sus impactos sociales y ambientales, pero planteó avanzar con estudios y pozos exploratorios en el Noreste para confirmar la presencia de agua salada y reservas de gas.
El frente advirtió que proteger una región no puede justificar el sacrificio de otra, y que los criterios que hacen inviable el fracking en Tampico-Misantla deben aplicarse también en los estados del Noreste.
Territorios vivos, habitados y con estrés hídrico
Las organizaciones recordaron que en las provincias Sabinas-Burro-Picachos y Burgos viven más de 1.6 millones de personas, existen 326 ejidos y comunidades, los territorios de los pueblos Mascogo y Kikapú, y 2,651 localidades rurales.
Lejos de ser zonas vacías, son regiones con alta vulnerabilidad:
- 83 % de Sabinas-Burro-Picachos enfrenta estrés hídrico alto o extremo.
- En Burgos, numerosas localidades carecen de agua suficiente, drenaje y servicios de salud.
“Nuestro territorio no está vacío. Está vivo, tiene memoria y está habitado por personas con derecho a decidir sobre nuestro futuro”, señalaron.
Un despliegue masivo para un beneficio mínimo
El frente destacó que para recuperar apenas el 10 % de los recursos prospectivos no convencionales del país se requerirían:
- 25,638 pozos
- 1,923 millones de m³ de agua
- 358 mil 929 millones de dólares de inversión
Todo ello aportaría solo 3.7 años del consumo nacional de gas, sin resolver la dependencia energética.
Además, el uso de agua salada no elimina los impactos: cada pozo puede requerir hasta 80 millones de litros, y el fluido recuperado contiene sales, metales, químicos y materiales radiactivos, generando enormes volúmenes de residuos peligrosos.
El manejo de estos residuos implica riesgos de derrames, filtraciones y contaminación de fuentes de agua dulce. En Estados Unidos, la inyección en pozos de disposición ha provocado sismos de hasta magnitud 5.8.
Impactos a la salud y dependencia energética
El colectivo recordó que México ya consume gas obtenido mediante fracking en Estados Unidos, donde las comunidades enfrentan contaminación del agua y aire, crisis asmáticas, problemas cardiovasculares, partos prematuros, bajo peso al nacer y mayor riesgo de leucemia infantil.
“Desarrollar fracking en México reproduciría esos daños en el Noreste y lo convertiría en un nuevo territorio de sacrificio”, advirtieron.
Además, el fracking no garantizaría soberanía energética: PEMEX dependería de capitales privados, tecnología y servicios especializados que actualmente no posee.
Exigencias del frente regional
Noreste Sin Fracking demandó:
- Prohibición constitucional del fracking en todo México.
- Cancelación de pozos exploratorios en Sabinas-Burro-Picachos y Burgos.
- Respeto a la autonomía de pueblos, ejidos y comunidades.
- Una política energética basada en renovables, generación distribuida, eficiencia energética y una transición justa para regiones afectadas por la industria fósil.
“Las decisiones sobre nuestros territorios deben tomarse desde el Noreste, con participación vinculante de sus comunidades y respeto absoluto a su libre determinación”, concluyeron.