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Compromiso y voluntad que cambian realidades

En ESPECIALES Assenet Lavalle Arenas / Observatorio ciudadano urbano y ambiental para el estado de Puebla
  • El trabajo voluntario de millones de personas construye, transforma y mejora vidas

No cabe duda de que el trabajo voluntario y la acción colectiva contribuyen a mejorar un poco el mundo: el voluntariado se ha convertido en una pieza importante para transitar hacia sociedades más justas. Por ello, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó al 2026 como el Año Internacional de las Personas Voluntarias para el Desarrollo Sostenible.

El objetivo es visibilizar y reconocer el poder transformador de cada persona comprometida que participa en los muy diversos proyectos de educación, apoyo en emergencias, mejora del hábitat, género, cooperación, desarrollo comunitario y muchos más; conectar las causas del voluntariado con los retos globales como las desigualdades, la crisis climática o la crisis de la vivienda; fortalecer los espacios de participación como las organizaciones, las asociaciones y los movimientos sociales; así como inspirar a más personas a la acción solidaria global para avanzar en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Las personas voluntarias en el mundo somos millones. La acción social y el voluntariado son expresiones concretas de compromiso con el bienestar colectivo y de promoción de los derechos humanos. El trabajo voluntario estimula la solidaridad y la inclusión, fortalece los vínculos entre las personas, complementa los efectos de las políticas públicas y, en México, su valor económico es mayor al de algunos sectores productivos (https://mundonuestro.mx/content/2022-05-21/el-trabajo-voluntario-aportar-un-granito-de-arena-para-cambiar-vidas-assenet-lava/).

Desde hace algunos años participo en dos importantes organizaciones sin ánimo de lucro: Hábitat para la Humanidad México (https://habitatmexico.org/) y el Centro Terwilliger de Innovación en Vivienda de Habitat for Humanity (https://ctivmexico.org/), en ambas soy vicepresidenta del Consejo Directivo, es decir, formo parte de sus órganos de gobierno. Se trata de un voluntariado más que operativo, de responsabilidad fiduciaria, de tipo estratégico. No es un cargo remunerado sino basado en el compromiso con la causa de las organizaciones, en el que se asumen ciertas responsabilidades legales y éticas para la toma de decisiones institucionales y de gobernanza.

En nuestro país, las actividades de las organizaciones sociales formales que reciben donativos (como es nuestro caso) están acotadas al cumplimiento de diversas normas, una de ellas es la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita, mejor conocida como Ley Antilavado. Ésta obliga a identificar puntualmente a cada una de las personas beneficiarias controladoras, es decir, a quienes tomamos los acuerdos y las decisiones efectivas mediante el voto en asamblea, lo que implica estar al corriente con todas nuestras obligaciones documentales y fiscales.

Como se puede notar, más que una labor utópica, se trata de un trabajo muy determinado y vigilado por las normas. Pese a que esta vigilancia puede representar algunos retos internos, forma parte de un sano funcionamiento de las organizaciones en nuestro país. En este contexto, el desafío es ampliar el alcance y los logros de las organizaciones sociales, pues su “densidad” es aún baja: 38 organizaciones por cada 100,000 habitantes, de acuerdo con el Centro Mexicano para la Filantropía (https://www.eleconomista.com.mx/opinion/importa-participe-sociedad-civil-organizada-20241009-729262.html).

Por cierto, por estos días seguimos celebrando el Día mundial de las personas donadoras de sangre que se conmemora cada 14 de junio y que reconoce a quienes de manera voluntaria, no remunerada y repetida extendemos nuestro brazo. Es importante seguir promoviendo esta causa porque en nuestro país durante 2025 apenas el 5% de las donaciones fueron altruistas (contra el 95% de reposición), cifra muy baja si la comparamos con el promedio en América Latina y el Caribe de casi el 57% para 2023 y de 85% mundial para el mismo año.

Frente a la desigualdad del mundo actual, la inercia de la neutralidad no es opción: cada brecha es un llamado a la acción colectiva.

X: @AssenetLavalle

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