- Académicos de la UNAM advirtieron que eventos como la Copa Mundial de Futbol 2026 transforman a las ciudades en vitrinas globales atravesadas por disputas territoriales, presión inmobiliaria y desigualdad social. Detrás de la narrativa de modernidad y desarrollo, alertaron, avanzan procesos de mercantilización urbana, desplazamiento y reconfiguración política impulsados por intereses económicos transnacionales.
MÉXICO.- Las ciudades también aprenden a maquillarse, pues frente a los reflectores globales, los gobiernos barren conflictos bajo la alfombra e iluminan avenidas estratégicas; sin embargo, detrás del espectáculo suelen quedar barrios presionados por la especulación, rentas imposibles y territorios convertidos en mercancía.
Eso es precisamente lo que especialistas de la UNAM pusieron sobre la mesa durante el Coloquio La Ciudad como vitrina global. Intervenciones urbanas y tensiones sociales en torno a la Copa Mundial de Futbol 2026, donde académicos advirtieron que los megaeventos deportivos no sólo movilizan turistas y capitales, sino también reconfiguran la vida urbana y profundizan disputas territoriales.
Desde el auditorio Pablo González Casanova del Instituto de Investigaciones Sociales, la directora del IIS, Marcela Amaro Rosales, señaló que competencias como el Mundial suelen presentarse como símbolos de competitividad global, aunque detrás de esa narrativa emergen costos sociales pocas veces discutidos públicamente.
Asimismo, alertó que estos procesos vienen acompañados de presiones inmobiliarias, aumento de rentas, desplazamientos y mecanismos de excepción que afectan de forma desigual a distintos sectores de la población.
“Las ciudades se convierten en vitrinas internacionales”, planteó, pero también en escenarios donde chocan intereses económicos, derecho a la ciudad y justicia social.
La discusión ocurre mientras distintas ciudades mexicanas comienzan a prepararse para el Mundial 2026 bajo promesas de inversión, turismo y posicionamiento internacional, sin análisis claro de las consecuencias invisibles del espectáculo.
Para Juan Carlos Barrón Pastor, director del Centro de Investigaciones sobre América del Norte, el fenómeno rebasa incluso la dimensión deportiva. Afirmó que la FIFA dejó de operar únicamente como un actor de “poder suave” para convertirse en una fuerza capaz de influir en agendas urbanas, políticas y económicas.
“Todo es negocio”, resumió al explicar cómo los megaeventos movilizan enormes flujos económicos mediante derechos de transmisión, publicidad, marketing y transformación urbana.
Barrón Pastor sostuvo que las ciudades muestran durante estos eventos una versión cuidadosamente editada de sí mismas: la postal turística, la infraestructura reluciente y la narrativa del progreso. Pero al mismo tiempo intentan ocultar aquello que incomoda a la vitrina global, como la violencia, la desigualdad y las crisis sociales.
Desde otra perspectiva, José Gasca Zamora, director del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad, describió cómo los gobiernos construyen lo que especialistas llaman “ciudades marca”, espacios urbanos diseñados para ser consumidos como productos globales.
La lógica, explicó, convierte al territorio en objeto de marketing y termina subordinando necesidades sociales a proyectos ornamentales o de posicionamiento internacional.
Especulación y encarecimiento
Mientras se destinan recursos a remodelaciones estratégicas, corredores turísticos o infraestructura vinculada al evento, permanecen sin atención demandas históricas relacionadas con vivienda, servicios públicos y desigualdad urbana.
En ese contexto, la directora del Instituto de Investigaciones Económicas, Véronique Sophie Avila Foucat, subrayó que resulta indispensable analizar los impactos económicos y territoriales del Mundial, particularmente en temas como especulación inmobiliaria y encarecimiento de las ciudades.
La preocupación no es menor, pues en distintas experiencias internacionales, los megaeventos han dejado procesos acelerados de gentrificación, desplazamiento de habitantes y transformación del espacio público en función de intereses privados.
Así, en medio de estadios, campañas turísticas y discursos oficiales sobre modernidad, la UNAM recordó que el territorio no es sólo infraestructura ni escaparate, también es memoria, comunidad y derecho colectivo.