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Analizan cómo la ritualidad del jaguar se transforma ante la mercantilización en comunidades de Guerrero

En CAMALEONES Mauricio Cárdenas
  • Investigadoras e investigadores del INAH y la UAGro examinan los cambios en la atsatsilistli de Zitlala y la tigrada de Chilapa, donde la figura del jaguar pasa de símbolo ritual a producto turístico y objeto comercial.

MÉXICO.- La figura del jaguar —también llamado tigre o tecuán— es uno de los símbolos más profundos de la identidad guerrerense. Su presencia atraviesa danzas, rituales agrícolas y celebraciones comunitarias en prácticamente todas las regiones del estado. Sin embargo, en los últimos años esta imagen sagrada ha experimentado un proceso de hibridación, mercantilización y adaptación al espectáculo, advirtió la investigadora Fátima Cerdenares Valentín, de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro).

Durante la conferencia La adaptación del jaguar al espectáculo: Chilapa y Zitlala, Guerrero, presentada en el ciclo de la Red DEAS del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la especialista analizó las transformaciones de dos rituales nahuas de la Montaña Baja: la atsatsilistli de Zitlala y la tigrada de Chilapa.

Entre la petición de lluvias y el espectáculo turístico

En Zitlala, la atsatsilistli —ritual agrícola celebrado cada 5 de mayo— mantiene su sentido original: las peleas de tigres buscan que la sangre derramada “alimente” a la tierra y propicie la llegada de lluvias. La investigadora explicó que esta práctica se vincula con la identidad nahualli, donde hombres y mujeres se transmutan simbólicamente en jaguares para convertirse en “hacedores de lluvia”.

No obstante, Cerdenares Valentín señaló que la ceremonia ha cambiado con el tiempo: ahora se realizan hasta cinco peleas simultáneas en un ring, con espacios reservados para autoridades, y se observa una creciente turistificación y politización del ritual.

A ello se suma la comercialización masiva de la figura del jaguar: gorras, diademas, trajes para bebés, alcancías y otros objetos se venden como recuerdos, mientras que las tradicionales máscaras de madera de colorín conviven con versiones de papel maché más baratas y producidas en serie.

Chilapa: del juego ritual al espectáculo municipal

En contraste, la tigrada de Chilapa ha pasado de ser una celebración comunitaria realizada el 15 de agosto —cuando los tecuanes salían a jugar y corretear a los niños— a convertirse en un evento de una semana, organizado directamente por el Ayuntamiento, con infraestructura, invitados y un enfoque turístico.

El profesor Amaury Velázquez Martínez, también de la UAGro, destacó que mientras en Zitlala la comunidad mantiene control sobre los códigos rituales, en Chilapa la festividad se ha transformado en un espectáculo comercial, donde el capitalismo “no borra la identidad, sino que la enfatiza para atraer turismo”.

Identidad, resistencia y cambio

A pesar de estas transformaciones, Cerdenares Valentín subrayó que la comunidad sigue siendo la principal responsable de la organización en Zitlala, y que el uso compartido de símbolos del jaguar fortalece la unidad y el orgullo colectivo.

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