- La producción global de plástico supera ya las 460 millones de toneladas anuales y sus residuos, especialmente los microplásticos, comienzan a alterar suelos agrícolas y ecosistemas, advirtió la investigadora Elizabeth Chávez García durante un seminario en la Universidad Nacional Autónoma de México.
MÉXICO.- La producción mundial de plástico enfrenta uno de sus mayores desafíos ambientales: la acumulación de residuos que tardan entre 20 y 500 años en degradarse y que hoy ya contaminan prácticamente todos los ecosistemas del planeta.
Durante el Quinto Seminario de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México, la investigadora del Colegio de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras, Elizabeth Chávez García, advirtió que más de la mitad del plástico existente en el mundo se ha producido desde el año 2000.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. Mientras en 1950 se fabricaban apenas 1.5 millones de toneladas, para 2021 la producción alcanzó 390.7 millones, y en 2024 superó los 460 millones de toneladas, lo que representa un acumulado cercano a 12 mil 200 millones de toneladas.
De ese total, 50 por ciento nunca ha sido reciclado, 30 por ciento continúa en uso, 11 por ciento ha sido incinerado y apenas nueve por ciento se ha reciclado, lo que plantea un escenario preocupante: de mantenerse la tendencia actual, la contaminación por plástico podría duplicarse hacia 2040.
“Si hoy los seres humanos nos extinguiéramos, nuestro registro fósil quedaría grabado por los plásticos”, advirtió la especialista durante su conferencia Microplásticos en el suelo: pequeños contaminantes, grandes efectos.
Microplásticos: el enemigo invisible
Uno de los mayores riesgos está en los microplásticos, diminutos fragmentos que pueden medir desde dos centímetros hasta apenas una micra —la milésima parte de un milímetro— y que se acumulan en suelos, cuerpos de agua y aire.
Aunque su presencia ya se ha detectado en numerosos ecosistemas, sus fuentes de origen e impactos todavía son poco comprendidos, explicó Chávez García. La mayor concentración suele encontrarse en zonas altamente industrializadas o con gran densidad poblacional.
En los suelos agrícolas, el problema adquiere una dimensión crítica. Prácticas como el uso de acolchados plásticos para conservar la humedad, la operación de invernaderos o la aplicación de compostas, lodos y estiércol pueden introducir partículas sintéticas en la tierra.
A ello se suma su dispersión a través del riego agrícola y la deposición atmosférica, proceso mediante el cual partículas provenientes de la industria, el transporte o actividades humanas se depositan en la superficie terrestre.
La especialista recordó que los suelos agrícolas ocupan cerca del 36.5 por ciento de la superficie terrestre y de ellos proviene la mayor parte de los alimentos del planeta.
En ese contexto, los microplásticos pueden alterar la estructura del suelo, obstruir sus poros, debilitar su composición y afectar la supervivencia y desarrollo de la biota, lo que representa un desafío creciente para la seguridad alimentaria y el equilibrio de los ecosistemas.