- Especialistas de la UNAM advierten que la inteligencia artificial opera bajo una lógica de dominación lingüística que privilegia al inglés y otras lenguas hegemónicas. Aunque podría convertirse en aliada para preservar idiomas originarios, hoy reproduce desigualdades históricas y culturales.
MÉXICO.- ¿Por qué la inteligencia artificial (IA) responde con fluidez en inglés, pero tropieza cuando se le habla en náhuatl, mixe o maya? La pregunta no es técnica, es política. Así lo plantea Ioana Cornea, jefa del Departamento de Investigación de la Escuela Nacional de Lengua, Lingüística y Traducción de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
La especialista advierte que los sistemas de IA funcionan a partir de millones —y trillones— de datos. Pero esos datos no son neutrales: provienen de contextos donde ciertas lenguas han sido históricamente dominantes. “Estamos potenciando principalmente un inglés que es la lengua de distribución de la máquina”, explica.
Detrás de cada algoritmo hay decisiones humanas, subraya Cornea. Por ello, hablar de neutralidad tecnológica es engañoso. Si los modelos han sido entrenados mayoritariamente con contenidos en inglés o español estándar, las variantes minoritarias quedan invisibilizadas. El resultado: un desplazamiento lingüístico que replica una colonialidad en versión digital.
México reconoce 68 agrupaciones lingüísticas con 364 variantes, además de la Lengua de Señas Mexicana. Sin embargo, la oficialidad y el uso institucional del español condicionan también el entorno tecnológico. La IA no crea esa desigualdad, pero sí la amplifica cuando reproduce lo que ha sido programado.
Para Carlos Mario Pérez Pérez, académico de la misma entidad universitaria y exintegrante del Grupo de Investigación en Traducción y Nuevas Tecnologías de la Universidad de Antioquia, el reto es doble: preservar y otorgar categoría tecnológica a las lenguas ancestrales. “Los sistemas computacionales deben tener la responsabilidad de responder a los desafíos de esas otras comunidades”, afirma.
Organismos como la UNESCO han señalado que la IA podría convertirse en herramienta para crear diccionarios, generar textos o desarrollar corpus digitales que fortalezcan idiomas en riesgo. Plataformas como ChatGPT, Gemini y Perplexity operan con modelos de grandes lenguajes que, en teoría, podrían entrenarse con materiales de comunidades originarias.
Pero la pregunta persiste: ¿aliada o enemiga? La respuesta depende de quién programe, con qué datos y para qué fines. Si las lenguas no se integran de forma activa en los sistemas digitales, el riesgo no es solo tecnológico, sino cultural.
Pérez Pérez añade un matiz político: en un contexto global donde se disputan identidades y narrativas, la lengua es un punto de resistencia. No se trata únicamente de comunicación, sino de memoria, territorio y comunidad.
La IA, concluyen los especialistas, no es un destino inevitable. Es una herramienta en disputa. Y en esa disputa, las lenguas originarias aún buscan su lugar en el código del futuro.