- Aunque autoridades estatales y municipales han puesto en marcha programas de seguridad vial, la experiencia cotidiana de quienes caminan en Puebla sigue marcada por el riesgo, la desigualdad urbana y una ciudad pensada para el automóvil.
PUEBLA.- En los últimos días, la presencia de personas con chalecos fluorescentes y silbatos en algunos de los cruceros más transitados de Puebla ha despertado curiosidad entre peatones y automovilistas. Se trata de los agentes de Proximidad Vial, una estrategia impulsada por el Gobierno del Estado para reforzar la seguridad en puntos de alta conflictividad vehicular.
Su aparición no es fortuita. Refleja un problema estructural que va más allá de la vigilancia: la fragilidad de la movilidad peatonal en una ciudad históricamente diseñada para privilegiar al automóvil. La constante exposición al riesgo de quienes caminan evidencia que, pese a los anuncios oficiales, desplazarse a pie continúa siendo un desafío cotidiano.
El programa de Proximidad Vial se suma a una serie de acciones que buscan reducir accidentes y ordenar el tránsito. Sin embargo, su implementación abre preguntas de fondo: ¿qué tan seguras son realmente las calles para el peatón?, ¿los programas actuales responden a las necesidades de quienes se mueven a pie?, ¿o se trata de medidas paliativas frente a un modelo urbano excluyente?
Desde el gobierno municipal, encabezado por el alcalde José Chedraui Budib, se impulsa la narrativa de la Capital Imparable, una visión que apuesta por una ciudad moderna y en crecimiento. En ese marco, el subsecretario de Movilidad y Seguridad Vial, Norman Campos Velázquez, ha señalado que se ejecutan obras con enfoque de seguridad vial, como cruceros seguros, ampliación de banquetas, semaforización inteligente y señalización, bajo el principio de que el peatón es prioridad.
No obstante, las cifras revelan una realidad más compleja. De acuerdo con datos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana correspondientes a 2025, los peatones siguen siendo el grupo más vulnerable en los siniestros viales. Los cruces con mayor número de accidentes se localizan en el bulevar Carmen Serdán y 5 de Febrero; bulevar Norte y 10 Poniente; bulevar 18 de Noviembre y 16 Oriente; Calzada Zaragoza y avenida Unidad Deportiva; así como en la 16 de Septiembre y 117 Poniente.
Estos puntos, conocidos como “cruceros negros”, concentran una alta incidencia de accidentes y requieren intervenciones de rediseño urbano que vayan más allá de la presencia operativa. Si bien su identificación ha permitido implementar nuevas obras y programas, la efectividad de estas acciones aún está en proceso de evaluación.
En el plano normativo, Puebla cuenta con un marco que reconoce al peatón como el eje de la movilidad urbana. El Reglamento de la Ley de Movilidad y Seguridad Vial del Estado establece que el peatón tiene preferencia de paso sobre cualquier otro actor vial. Sin embargo, la brecha entre la ley y la práctica sigue siendo uno de los mayores retos.
Zonas como Angelópolis ilustran esta contradicción: banquetas insuficientes, cruces inseguros y avenidas pensadas para la velocidad convierten el acto de caminar en una experiencia de resistencia. En una ciudad diseñada para recorrer largas distancias en automóvil, el peatón suele sentirse invisible.
Garantizar el derecho a caminar implica transformar el diseño urbano y las prioridades públicas. Una ciudad verdaderamente incluyente es aquella que protege al caminante y entiende que la movilidad segura comienza a pie.