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Un feminicidio que duele doble: Rosa Isela y la infancia que también mata

En PUEBLA Camila Jiménez

PUEBLA, Pue.- El asesinato de Rosa Isela Hernández Rivera, una joven de 28 años en la comunidad de Atencingo, municipio de Chietla, volvió a sacudir a Puebla. Fue atacada dentro de su propio hogar el pasado 3 de octubre, presuntamente por un menor de 12 años, quien habría intentado robar en la vivienda. Rosa Isela recibió al menos 12 heridas en el cuello, tórax, rostro y extremidades. Murió horas más tarde en una clínica del IMSS.

La Fiscalía General del Estado confirmó que el crimen se investiga como feminicidio. Aunque el caso está bajo reserva por tratarse de un menor, las autoridades deberán actuar conforme a la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes, que limita las sanciones para menores de 14 años.

Pero más allá de los procedimientos legales, el feminicidio de Rosa Isela revela un problema más profundo: la normalización de la violencia y el abandono institucional. La violencia machista se reproduce a edades cada vez más tempranas, en contextos de impunidad y descomposición social donde ni el Estado ni las familias encuentran acompañamiento.

El colectivo Marea Púrpura alzó la voz tras conocerse el crimen:

“Alzamos la voz por Rosa Isela Hernández Rivera, víctima de feminicidio el pasado 3 de octubre. Hacemos un llamado a las autoridades para que este crimen no quede impune y se haga justicia”.

El caso provocó indignación en Atencingo. Vecinas y vecinos acompañaron el sepelio con flores y pancartas que decían “Justicia para Rosa Isela” y “Ni una más”.

Este es el segundo feminicidio en menos de un año en Puebla presuntamente cometido por un menor de edad. En marzo, la argentina Natalia Andrade fue asesinada en Lomas de Angelópolis, también dentro de su casa.

Desde las organizaciones feministas, el mensaje es claro: no se puede seguir mirando hacia otro lado. Cuando un niño de 12 años aprende a matar a una mujer, la sociedad entera ha fracasado. El feminicidio de Rosa Isela no es un caso aislado; es el reflejo de una violencia que se aprende, se permite y se repite.

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