Coca-Cola, Oxxo y el espejismo del “bien común” en la ciudad de Puebla

En Editorial Yussel Dardón | Director

En Puebla, el Ayuntamiento capitalino parece haber encontrado una fórmula mágica para resolver cualquier problema: concesionar los espacios públicos y las estrategias sociales a los gigantes del mercado. Da igual si se trata de un desfile navideño o de la seguridad de las mujeres en el espacio público, pues Coca-Cola y Oxxo ―es decir, FEMSA― aparecen como garantes de la “calidad” y el “impacto” de las políticas municipales.

La Caravana Coca-Cola realizada en 2024 es el ejemplo más claro de ello, al llenar las calles con luces, ositos polares y Santa Claus de ocho metros que no hicieron sino disfrazar lo que en realidad es publicidad predatoria dirigida a niñas y niños. ¿Lo curioso? Mientras en Ciudad de México esta misma caravana fue cancelada por violar la ley sanitaria, en Puebla se presumió como “convivencia familiar”, aunque México lidere el consumo mundial de refrescos y más de 300 mil muertes al año estén ligadas al azúcar.

Ahora lo mismo ocurre con Oxxo (propiedad de FEMSA) convertido en “refugio seguro” para mujeres. ¿En serio la seguridad depende ahora de la caja registradora de una transnacional? ¿No puede el Ayuntamiento garantizar espacios propios para la protección, con políticas incluyentes?

Hasta en cultura la lógica de la administración de Chedraui es la misma. La titular del IMACP, Anel Nochebuena, minimizó a los artistas poblanos durante su comparecencia ante la Comisión de Arte y Cultura del Cabildo de Puebla, sentenciando que las Galerías del Palacio Municipal no están destinadas para ellos porque “no atraen visitantes”.

Todo debe medirse en términos de impacto, consumo y rentabilidad.

Si faltaba otro ejemplo, ahí está la Secretaría de Medio Ambiente, que en su campaña Raíces con Futuro para reforestar la junta auxiliar de La Resurrección, presume el apoyo de “voluntarios” de Coca-Cola. Una vez más, la política pública se valida desde el respaldo corporativo, como si la reforestación necesitara la legitimidad de una refresquera para ser creíble, para adquirir peso.

Lo que hoy se presenta como estrategia innovadora es, en realidad, la renuncia del municipio a ejercer su responsabilidad básica: gobernar para la gente, no para el mercado.

El espejismo del bien común patrocinado por FEMSA es, en realidad, un modelo de dependencia corporativa en el que la administración municipal se encuentra entrampada, sí, pero también muy cómoda.

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