PUEBLA, MÉXICO.- La inseguridad en Puebla capital va más allá de los números. Aunque las estadísticas oficiales muestran apenas ligeras variaciones, el miedo en las calles permanece. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), el 74.5% de los habitantes considera inseguro vivir en la ciudad, una percepción que rebasa el promedio nacional y que moldea rutinas, hábitos y relaciones comunitarias.
¿Qué alimenta el miedo en Puebla?
Los delitos más reportados —según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública— son el robo (56.9%), la violencia familiar (13.3%) y las amenazas (10.8%). Pero también pesan factores invisibles: infraestructura deficiente, falta de vigilancia y una fuerte desconfianza en las instituciones. Solo el 3% de la población confía en la policía preventiva, y más de la mitad de quienes han tenido contacto con autoridades reportan actos de corrupción.
En Santa María Xonacatepec y Bosques del Pilar, vecinas como Joselin García aseguran que el miedo se ha instalado como un hábito cotidiano. “Durante el día me siento tranquila, en la noche no mucho”, afirma. Otra habitante propone fortalecer la vigilancia comunitaria y profesionalizar a la policía: “Si no se les da lo básico, ¿cómo nos van a cuidar?”.
La inseguridad también llega a zonas “seguras”
El Dr. Tadeo Luna de la Mora, del Laboratorio para la Paz con Reconciliación de la IBERO Puebla, advierte que los llamados hotspots —zonas de alta concentración delictiva— están surgiendo incluso en fraccionamientos de alto poder adquisitivo como Lomas de Angelópolis. “El riesgo ya no está confinado a los márgenes”, explicó.
Este fenómeno, conocido como deslocalización del peligro, rompe con la lógica de que la inseguridad solo afecta a zonas marginadas. En su análisis, el Dr. Luna subraya que pensar la violencia como un problema exclusivo de la pobreza es un error que impide actuar con justicia y eficacia.
“Necesitamos políticas que no obliguen a la ciudadanía a elegir entre seguridad y derechos”, concluye.