Foto: Wikipedia / Picasa

Cuando la Toscana invade Tlaxcala: Val’Quirico y la amenaza a la identidad cultural de Tetlatlahuca

En COLUMNAS Luis Fernando Salazar Monsalve

A simple vista, Tetlatlahuca podría parecer uno más de los tantos municipios del altiplano tlaxcalteca. Sin embargo, tras sus calles tranquilas y su tejido comunitario se resguarda un complejo entramado de memorias, rituales, prácticas colectivas y formas de vida que, durante generaciones, han dado forma a una identidad profundamente arraigada. Una identidad que no se exhibe en vitrinas ni se mide en cifras de ocupación hotelera, sino que se vive, se canta, se celebra y se cultiva cotidianamente.

Esa forma de vida, sin embargo, ha comenzado a enfrentar una amenaza silenciosa: la presencia —cada vez más expansiva— del desarrollo turístico elitista representado por Val’Quirico. Este proyecto, construido sobre los vestigios de la antigua hacienda de Santa Águeda, presume una inspiración toscana que ha capturado la atención de visitantes y medios, tanto nacionales como extranjeros.

Desde su fundación en 2014, ha sido aclamado como un “éxito turístico”, aunque esa celebración omite cuidadosamente su impacto en las comunidades aledañas.
¿Qué ocurre cuando un modelo turístico se impone no desde lo local, sino desde lo aspiracional, lo europeo, lo foráneo? La respuesta está en las consecuencias visibles e invisibles que comienzan a dibujarse en la vida cotidiana de Tetlatlahuca.

La llegada masiva de visitantes, atraídos no por la cultura viva del territorio sino por una experiencia artificial, fotogénica y desvinculada del entorno, produce una fractura. La cultura local, en lugar de ser reconocida, es empujada hacia los márgenes, desplazada por una estética prefabricada que vende “lo bonito” en lugar de lo verdadero.

Pero no se trata sólo de turistas tomando fotos. La cercanía con Val’Quirico ha provocado un proceso de homogeneización que afecta las expresiones culturales de Tetlatlahuca. Las danzas, los oficios, los rituales festivos y hasta las formas de hablar empiezan a reconfigurarse o, peor aún, a desaparecer. Lo que no entra en el guion turístico queda fuera, invisibilizado. Lo auténtico, si no vende, se vuelve prescindible.

Lo más preocupante es la forma en que este tipo de proyectos desfigura el valor del patrimonio cultural. En lugar de ser transmitido y respetado por su carga simbólica y comunitaria, se convierte en mercancía: se empaqueta, se ajusta, se vende. Se explota una versión diluida de la cultura —una que no incomode, no cuestione, no exija comprensión profunda— y se relega el verdadero sentido de pertenencia a un segundo plano. Las juventudes locales, enfrentadas a este bombardeo constante de modelos ajenos, corren el riesgo de desligarse de sus raíces sin siquiera notarlo.

Por eso, hablar de la identidad de Tetlatlahuca no es una cuestión romántica ni nostálgica: es una urgencia política y cultural. Defenderla implica reconocer la diversidad como una forma de riqueza frente al empobrecimiento simbólico que conlleva la estandarización turística. Preservar sus prácticas no es frenar el desarrollo, sino proponer otra forma de relación con el territorio: una que respete lo que ahí existe, que dialogue con lo comunitario en lugar de borrarlo.

En un momento donde Val’Quirico continúa expandiéndose —y sus efectos colaterales se extienden sin pausa— se vuelve fundamental visibilizar los impactos socioculturales que este tipo de enclaves de lujo genera. Y más aún: escuchar a quienes habitan Tetlatlahuca. Porque en sus voces, en sus preocupaciones, en sus formas de resistencia cotidiana, se encuentran claves para imaginar un turismo diferente, menos extractivo, más humano.

Frente a la voracidad de un modelo que busca convertirlo todo en experiencia consumible, Tetlatlahuca resiste. Y esa resistencia, aunque discreta, también es una forma de futuro.


Luis Fernando Salazar Monsalve
Doctor en Desarrollo Regional por El Colegio de Tlaxcala. Profesor Investigador en la BUAP, donde imparte clases en la Maestría en Gestión del Turismo y la Licenciatura en Administración Turística. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI-SECIHTI) y del Cuerpo Académico “Turismo: Gestión, Gobernanza y Desarrollo”. Sus líneas de investigación abordan territorio, geografía, sostenibilidad y patrimonio. Ha sido ponente y autor en foros académicos nacionales e internacionales.

Correo: luis.salazar@correo.buap.mx

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