Fotografía: Especial

El reto físico, la necesidad de libertad y de expresión, ingredientes que el bailarín Jorge Luis Salazar transforma en arte

En ENTREVISTA Redacción Leviatán

MÉXICO.- Las caricaturas y, en especial el anime, formaron parte medular de la infancia del bailarín y coreógrafo Jorge Luis Salazar Torres, quien desde niño soñaba con vivir cosas distintas, ser diferente a los demás, transportarse a otros mundos para experimentar otras posibilidades “para mí, con el paso de los años eso se convirtió en la danza”.

Recuerda en entrevista que desde pequeño siempre le gustó bailar, pero su estado de enamoramiento por la danza ­­­­–como él le llama– llegó en la adolescencia, cuando presenció una función de danza contemporánea y de ahí “me enamoré del reto físico, de la necesidad de libertad y de la necesidad de expresarme, fue lo que poco a poco me llenó y fue cuando me dije ¡esto es increíble!, ya encontré mi camino para ser el superhéroe del anime. Fue tanto el gusto físico y emocional que decidí quedarme y así comienza mi camino por la danza contemporánea”.

En 2014 fundó la Compañía Zona Cero, presentando sus puestas escénicas en diferentes estados de la República mexicana. Así mismo, ha sido invitado a impartir talleres y clases magistrales y ha sido seleccionado del Pecda 2016, 2021 Y 2023; ganador de la mejor coreografía del Certamen 4X4 TJ nigth 2019 y fue el bailarín seleccionado para el elenco del Coproducción del Noroeste 2019.

En su propuesta, comenta Jorge, lo que busca es ser honesto de una manera comprensible a nivel discursivo y a nivel corporal “yo busco a nivel temática algo honesto, totalmente personal y a nivel corporal me encanta y he dedicado mi carrera a la investigación del movimiento”.

Para ser más explícito sobre su proceso, el coreógrafo señala que ser honesto sin pretensiones es igual transmitir lo que él está viviendo para que el público conecte con lo que ha vivido “eso es ser honesto con la propuesta, mi idea es transmitir, no que me entiendas, porque vas a entender lo que tú quieras, esa es mi búsqueda coreográfica”.

El bailarín sonorense ha complementado su carrera siendo docente en diversos espacios impartiendo también talleres de iniciación a la danza, donde se empeña en dejar claro su búsqueda a la hora de impartir sus clases.

“Es importante que los bailarines comprendan que gran parte de las cosas que hacemos o no hacemos es por lo que fuimos y vivimos, se debe entonces comprender el proceso cognitivo de las cosas. Comprendamos cómo los pensamientos se transforman en emociones y las emociones se convierten en sensaciones corporales y eso es lo que nos da el movimiento, porque si no comprendemos eso en el camino, vamos a seguir repitiendo patrones, que va a ser una repetición infinita de mis mismos movimientos en toda la danza que hago y la idea no es esa, entonces de eso va mi búsqueda corporal y eso lo aplico con mis estudiantes”.

Precisa que sus clases van enfocadas a que cada bailarín y bailarina encuentre, desarrolle y potencie su manera de moverse “siempre les digo, por favor, no se muevan como nadie, busquen y encuentren su propia manera”.

Así, afirma, busca ir de lo minucioso a lo general, partiendo de las articulaciones y del peso pélvico para que cada persona se comprenda físicamente y una vez “desarmado” el cuerpo, lo puedan rearmar a como les plazca dependiendo de la coreografía que bailen “esa es la búsqueda del taller que va de la mano con la comprensión de quién eres”.

La Compañía Zona Cero la integran quienes quieren y pueden participar en cada proyecto y dependiendo de las características y perfiles de bailarines que requiera la coreografía que se esté preparando “si tuviera un presupuesto quizá y solo quizá si buscaría un elenco fijo, pero así me ha funcionado muy bien dando oportunidad a muchos bailarines quienes a final de cuentas también enriquecen la obra con sus propuestas”.

Su más reciente coreografía Ver para creer, para sentir, para crear, seleccionada en Pecda 2023, consta de dos coreografías que nacen en Cosalá, Sinaloa, con la intención de demostrar que la danza es para todas y todos y que cualquiera puede hacer arte de este tipo porque al final de cuentas un grupo norteño es música y música es arte. “Cosalá es un lugar con mucho talento artístico, muchas creencias y muchas ganas de hacer las cosas, pero el contexto no lo permite porque impera más la música norteña que otra cosa y esta coreografía va por ahí, para que vean que todo se puede crear”.

La segunda pieza, que es para infancias y la cual aún está en proceso, es una coreografía cuyo objetivo es transmitir a niñas y niños que las emociones son importantes “quiero que los peques sientan que animarse a hacer las cosas es significativo, que no tengan miedo al qué dirán”.

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