Las amenazas hacia la libertad de expresión tienen varios rostros y portan diversas máscaras con colmillos afilados o chatos, retorcidos o amarillos, quebrados o rojos, con caries o azules, guindas o incluso invisibles. La censura y las amenazas, la persecución y la precariedad, el desprestigio y los ataques frontales o velados del poder son partículas cancerígenas que se enquistan en las sociedades que, en teoría, se apoyan en el periodismo para fortalecer sus democracias.
Hablar de lo que otros no quieren que se hable nunca había sido tan incómodo y peligroso como en estos tiempos. Sociedades enteras se enfrentan a sí mismas en una guerra de información cruzada donde los hechos no sólo se ocultan sino que se manipulan, se les da tratamiento de “verdad absoluta”, una verdad que proviene de manera exclusiva del poder.
Ese estado de indefensión en el que se encuentra el periodismo es el que los directores Rachel Grady y Heidi Ewing muestran en Endangered (En peligro), un documental que a partir del seguimiento al trabajo de cuatro periodistas exhibe los corredores filosos que se atraviesan para ejercer la profesión, una labor que se torna cada vez más oscura debido a los mecanismos de control que establecen tanto los gobiernos como el fanatismo.
En el documental, el trabajo de la brasileña Patrícia Campos Mellos, del británico Oliver Laughland y el de los fotoperiodistas Carl Juste, de Estados Unidos y Sáshenka Gutiérrez (premio Ortega y Gasset 2022) de México, se convierten en representaciones generales del oficio, de la vida tras bambalinas del mismo: ser madre o padre, hija o hijo, amiga o amigo, pareja, referente, extranjero, “distinto”.
El acoso legal del Estado brasileño representado por Jair Bolsonaro; las agresiones de las fuerzas de Seguridad y el sesgo político en medio del movimiento Black Lives Matter; el desprestigio impulsado por el presidente número 45 de los Estados Unidos de Norteamérica, Donal J. Trump, así como el ataque frontal y selectivo de la Policía mexicana en medio de las protestas del movimiento feminista, son las estampas que muestran que la libertad de expresión es un derecho que desde el poder se pone en duda, que sin importar la madurez democrática cuando se confrontan las versiones oficiales de los sucesos hay quienes arquen las cejas, piden silencio, confeccionan futuros con tufo a amenaza.
La manufactura de Endangered permite al espectador dar un seguimiento pausado de los casos expuestos, sin que la atención se decante por uno en particular pues el tema no son las dificultades particulares sino el peligro entero en el que se desenvuelven los periodistas. De lo particular a lo general se traza el mapa de la indefensión.
El documental, enmarcado durante la pandemia por Covid-19, avanza de forma punzante conforme se presentan las historias donde vemos enfrentamientos, grupos tácticos, bombas de humo, balas de goma, escudos y toletes; posturas fanáticas y política evangelizadora. De la misma manera, la postura emotiva está bien balanceada cuando se presentan las reflexiones de los periodistas en cuanto a la manera de comprender y ejercer el oficio, yendo de la ética a la práctica.
Sáshenka, Patricia, Oliver y Carl representan a quienes desde los márgenes observan a los partícipes de poder, a quienes conviven con los marginales para darles voz y rostro. Las historias de ellos son de todos porque todos, como miembros de la sociedad, estamos “en peligro”.
- Endangered (En peligro)
- Rachel Grady y Heidi Ewing
- HBO, 2022