Fotografía: YD

ELEMENTOS DEL DESASTRE | Los placeres y los días

En COLUMNAS Yussel Dardón

Vivir y atestiguar, dar fe con la palabra y por la palabra; convertir las eventualidades en historias a las que ponerles atención, no sólo para contemplar sino para envolvernos de ese halo de sorpresa; abrazar los sucesos, involucrarse en ellos, es la forma en la que un cronista actúa.

Eso lo sabe bien Alma Guillermoprieto (CDMX, 1949), a quien la experiencia como reportera y escritora le ha valido para ganarse un lugar entre el periodismo narrativo que se escribe en Latinoamérica. Tan bien lo sabe que su libro Los placeres y los días (UNAM-Almadía, 2015) se muestra como un portento de la sutileza cotidiana.

Las ocho crónicas que componen el libro son prueba irrefutable de que a la vida hay que saber verla en lo aciago y en lo alegre pues, cómo se lee en uno de los textos, “en tiempos trágicos, la música y el baile son un último reducto de vida y humanidad”.

La admiración por la música del Buenavista Social Club, la mirada del exilio a través de Celia Cruz, el rescate de la gastronomía mexicana, la lucha libre en Bolivia, donde un todos contra todos es la esencia del espectáculo, el ritual elegante del arrebato que es el tango, entre otros, son algunos de los tópicos del libro que destacan por el gran manejo del lenguaje.

“Si la vida fuera siempre terrible, nadie la querría vivir”, asesta la autora en el epílogo no sin antes habernos expuesto los detalles más luminosos de historias excepcionales.

Uno de los textos que muestran la idea general del libro es “Las harinas”, una declaración de amor de la autora hacia los carbohidratos: “Dejo a los demás los vicios elegante –el ajenjo o la heroína-. Lo mío son las farináceas, las féculas, los almidones, las harinas, todas ellas con sus infinitas bondades de nana, y su consuelo”.

En esta “carta de amor” la autora pone de manifiesto su calidad narrativa, su atención a los detalles y a la delicadeza con la que nombra las cosas. En “Las harinas” hace un recorrido histórico por la aparición de este elemento que al conjugarse con otros se eleva como terapeuta, como amante y amigo: “No sé qué tiene la harina que nos redime cada vez que el mundo nos falla”.

En una entrevista para la revista Letras Libres, Alma Guillermoprieto, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2018, confiesa que ella reportea “a las cholitas luchadoras de Bolivia o a los campesinos violentados por la guerra en el país que te guste de exactamente la misma forma: invirtiéndole horas de paciencia. Esto, porque las historias hilarantes y los hechos inconcebibles me producen la misma curiosidad”.

En Los placeres y los días se nota el oficio de quien sabe salir a tomar aire mientras nada porque sabe que así, y sólo así, podrá seguir avanzando.

“La alegría hace que el tiempo pase más rápido, y así se han pasado los años, volando y bailando. ¡Y lo bailado nunca nadie nos lo podrá quitar!”, concluye Alma Guillermoprieto.

Entonces bailemos al ritmo de estos placeres en estos días.

 

 

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