- Desde las montañas mixes de Oaxaca, la cineasta Concepción Vázquez Martínez presenta Të’ëxyëjk Ayuujk Na’apëj (Mujer de Barro), un documental íntimo y colectivo que reflexiona sobre las mujeres indígenas, la transmisión de saberes ancestrales y la autonomía femenina, con apoyo del PACMyC.
MÉXICO.- Desde la sierra mixe de Oaxaca, la cineasta ayuujk Concepción Vázquez Martínez construye un relato profundamente personal y político en Të’ëxyëjk Ayuujk Na’apëj, su primer documental, conocido en español como Mujer de Barro. En la película, la alfarería se convierte en lenguaje, memoria y acto de resistencia.
El documental retrata la vida de Rufina Martínez Díaz, alfarera ayuujk y madre de la realizadora, y reflexiona sobre el papel de las mujeres indígenas, la transmisión de saberes ancestrales y la autonomía femenina en contextos atravesados por la violencia y el machismo. “Yo quería contar su historia porque muchas mujeres viven lo mismo y no siempre se habla de eso”, explica Vázquez.
El acercamiento de la directora al cine no fue académico, sino comunitario. Formada como ingeniera en Desarrollo Comunitario, encontró en el lenguaje audiovisual una herramienta para narrar lo que se vive en su territorio. Durante cinco años de realización, el documental se construyó desde la confianza y el diálogo entre madre e hija, una relación central para el desarrollo de la obra.
En Mujer de Barro, el oficio alfarero aparece como medio de subsistencia y también como práctica ligada al cuerpo, la identidad y la memoria. A lo largo del filme, se muestra cómo el trabajo con el barro permitió a Rufina reconstruir su vida, sostener a su familia y tomar decisiones propias. “Cada pieza que hace tiene una historia; no es solo un objeto”, subraya la cineasta.
La lengua ayuujk ocupa un lugar esencial en la narrativa. La realizadora decidió contar la historia en su idioma materno por su carga emocional y simbólica. Por ello, el documental se presenta en comunidades con su título original en ayuujk, reafirmando la lengua como espacio de vida, pensamiento y resistencia cultural.
La película también pone en valor la alfarería tradicional, un oficio milenario que se adapta a los cambios económicos y sociales. De la producción de piezas utilitarias para el uso comunitario, Rufina pasó a buscar nuevos mercados fuera de su localidad, manteniendo una profunda conexión con la tierra y la tradición.
En 2024, Mujer de Barro recibió el apoyo del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, respaldo clave para concluir la postproducción. En 2025, el documental inició su recorrido internacional con su estreno en el Festival de Málaga y su proyección en Francia, Alemania, Cuba y diversos espacios de México.
Mujer de Barro se presenta así como un testimonio íntimo y colectivo: una obra donde el cine dialoga con la lengua originaria, la memoria familiar y la resistencia cotidiana de las mujeres indígenas, demostrando que el barro también se moldea con experiencia, sanación y esperanza.