MÉXICO.- Cada año, cuando llega septiembre, resurgen las preguntas: ¿otra vez temblará? La memoria colectiva del 19 de septiembre de 1985 y del 2017 ha dado pie a un sinfín de creencias, muchas de ellas sin fundamento científico, que asocian este mes con los sismos.
Según el investigador Raúl Valenzuela Wong, del Instituto de Geofísica de la UNAM, estos movimientos ocurren a gran profundidad y no tienen relación con factores como el calor, la lluvia o la entonación del Himno Nacional. “La Tierra no responde a nubes aborregadas, cielos rojos o pensamientos colectivos”, puntualiza.
La era digital, sin embargo, ha reforzado algunas supersticiones: predicciones de videntes, supuesta periodicidad de “cada 30 años” o videos que muestran comportamientos extraños de animales antes de un temblor.
Sobre este último punto, Julio Velázquez Rodríguez, responsable de la Unidad K9 de la UNAM, aclara que los perros poseen una gran sensibilidad auditiva que les permite percibir vibraciones, pero de manera limitada. “No existe evidencia científica que demuestre que puedan predecir sismos”, asegura.
Los especialistas recuerdan que México es un país sísmicamente activo, por lo que los temblores pueden presentarse en cualquier momento del año. Ejemplos como el “sismo del Ángel” (1957, en julio) o el de Tehuacán (1999, en junio) confirman que no existe un “mes maldito”.
“La prevención es la única herramienta real que tenemos”, subraya Valenzuela Wong.
“Más información científica y menos mitos, esa es la clave”.
Información confiable, el mejor antídoto contra los rumores
Tener acceso a datos precisos, simulacros de protección civil y una cultura de autoprotección es lo que realmente puede salvar vidas, coinciden los expertos. En un país con alta actividad tectónica, la vigilancia científica es constante, aunque la predicción exacta de un sismo aún está fuera del alcance humano.