- El Informe de Desigualdad de Género 2026 del Observatorio de Salarios de la IBERO Puebla evidencia que las mujeres destinan más del doble de tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, lo que impacta directamente en su acceso a empleo, salarios y condiciones laborales.
PUEBLA.- En Puebla, la desigualdad de género no es un concepto abstracto: se mide en horas, en salarios y en oportunidades. El más reciente informe del Observatorio de Salarios de la IBERO Puebla lo deja claro: las mujeres sostienen gran parte de la vida cotidiana, pero lo hacen sin reconocimiento económico.
Presentado en el marco del 8 de marzo, el Informe de Desigualdad de Género 2026 pone el foco en dos variables clave que suelen quedar fuera del debate público: el uso del tiempo y el trabajo de cuidados. Y los datos son contundentes.
En Puebla, las mujeres destinan en promedio 29.2 horas semanales al trabajo doméstico, frente a las 11.1 horas de los hombres. A esto se suma el trabajo de cuidados, que también recae mayoritariamente en ellas. Esta carga no remunerada limita su acceso al empleo formal, reduce sus ingresos y profundiza su precarización.
Como explicó Miguel Calderón Chelius, coordinador del Observatorio, “el trabajo se vuelve mucho más intenso y permanente”, especialmente para las mujeres, quienes combinan jornadas laborales con responsabilidades domésticas que el sistema sigue considerando invisibles.
Brechas que se traducen en desigualdad económica
El informe también evidencia que la participación laboral sigue siendo desigual. En México, existe una brecha de 32.5% entre hombres y mujeres dentro de la población económicamente activa, mientras que en Puebla la diferencia es de 25.3%.
Pero no solo se trata de acceso, sino de condiciones. Las mujeres están sobrerrepresentadas en empleos más precarios, con menor estabilidad, flexibilidad obligada y sin prestaciones. En el estado, menos del 20% de la población ocupada cuenta con seguridad laboral formal, muy por debajo del promedio nacional.
Además, la desigualdad también se refleja en los ingresos: el 46.7% de las mujeres gana hasta un salario mínimo, frente al 34% de los hombres. En los niveles más altos, la brecha persiste y se profundiza.
Violencia, estructura y participación
El documento también revisa el panorama de violencia contra las mujeres. Aunque la tasa de homicidios ha mostrado una ligera disminución en años recientes, la problemática sigue siendo estructural y atraviesa todos los ámbitos de la vida social.
En contraste, uno de los pocos avances señalados es la participación política de las mujeres. En los últimos años, los congresos estatales han alcanzado niveles cercanos a la paridad, y las gubernaturas encabezadas por mujeres representan ya más del 40% del total.
Más allá del diagnóstico
Para Nadia Castillo Romero, el valor del informe radica en poner sobre la mesa datos que obligan a repensar las relaciones de género. No basta con nombrar la desigualdad: es necesario transformarla.
Porque mientras el trabajo doméstico y de cuidados siga recayendo de manera desproporcionada en las mujeres, la igualdad será una promesa lejana.
El diagnóstico está hecho. La pregunta es si habrá voluntad para cambiar la estructura que sostiene esta desigualdad.