Foto: Ibero Puebla

Emotka: el peluche creado en IBERO Puebla que abraza emociones

En CIENCIA Y TECNOLOGÍA Clara Aceves
  • Raquel Gordillo, estudiante de Diseño Gráfico en IBERO Puebla, desarrolló una colección de peluches para acompañar a niñas y niños en la gestión de sus emociones. El proyecto recibió mención honorífica en los Premios Diseña MX.

PUEBLA.- Hay proyectos que nacen en el escritorio… y otros que nacen del corazón.

Así comenzó Emotka, la colección de peluches creada por Raquel Gordillo Quiñones, estudiante de Diseño Gráfico en la Universidad Iberoamericana Puebla. La idea surgió mientras hacía voluntariado en una primaria, donde descubrió algo esencial en la educación emocional infantil: el poder del apapacho.

Consciente de que el abrazo también educa, Raquel combinó su talento en el croché —que perfeccionó durante el confinamiento— con su formación en diseño y su vocación familiar por la enseñanza. El resultado fue un proyecto de titulación tan sólido como sensible, que obtuvo mención honorífica en los Premios Diseña MX por su pertinencia social y enfoque innovador.

Un amigo que acuerpa

Emotka está pensado para niñas y niños de 3 a 8 años, aunque también involucra a psicólogos, docentes, madres y padres de familia. La colección incluye cuatro peluches diseñados para acompañar procesos de identificación, gestión y regulación emocional.

“Los niños necesitan algo que los apapache, que los acompañe en los momentos de crisis”, explica Raquel.

Cada muñeco fue creado para brindar contención en situaciones de ansiedad, tristeza o enojo. Sus brazos largos permiten que el peluche se enganche al cuerpo del pequeño, como un amigo que abraza fuerte cuando hace falta. Las texturas suaves, los colores y las formas estimulan la creatividad y ofrecen confort desde el primer contacto.

Más que un peluche

El proyecto no se queda en lo tierno. Raquel también desarrolló un manual de actividades para ayudar a las infancias a expresar lo que sienten, enfocar su mente, relajarse y recuperar la calma.

El empaque cilíndrico está pensado como parte de la experiencia, y cada Emotka incluye un certificado de adopción donde el niño o niña puede elegir el nombre de su nuevo compañero.

“Para mí, se llama Panchito. Así lo soñé; yo soñé mi proyecto”, cuenta Raquel mientras sostiene a su peluche, que parece devolverle el abrazo.

Actualmente, Emotka se encuentra en proceso de registro de marca, tras pruebas piloto exitosas que validaron su impacto positivo.

Porque a veces, crecer también necesita brazos largos que te sostengan.

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