Fotografía: Daniela Portillo / EsImagen

Los derechos humanos limitan el uso arbitrario del poder y dan sentido a las instituciones

En ESPECIALES Redacción Leviatán

MÉXICO.- A 77 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, este instrumento ha dejado de ser una aspiración utópica para consolidarse como una base realizable de justicia, equidad y dignidad, afirmó José Luis Belmont Lugo, secretario técnico del Programa Universitario de Derechos Humanos (PUDH) de la UNAM.

Durante su participación en la Primera Jornada de Puertas Abiertas del PUDH, el jurista sostuvo que los derechos humanos ya no son una quimera, como se pensaba décadas atrás, incluso en el ámbito universitario, sino un marco normativo respaldado por 30 artículos que buscan orientar la convivencia social y limitar los abusos del poder.

Belmont explicó que todas las personas poseen la capacidad de percibir la justicia y de identificar la injusticia a partir de exigencias de igualdad y dignidad, así como de la necesidad de poner límites a los gobiernos y de restaurar la justicia cuando esta es negada. Estos elementos, señaló, enlazan conceptos como justicia social, garantías fundamentales y utopía.

En este contexto, subrayó que donde existe una sociedad también existen prerrogativas inalienables, pues los derechos humanos son la finalidad de las instituciones, начиная desde la más básica: la familia. Desde su perspectiva, constituyen condiciones objetivas para una vida digna.

El académico puntualizó que los derechos humanos funcionan como un mecanismo para limitar el uso arbitrario del poder, ya que implican no solo derechos, sino también obligaciones, y su titularidad es tanto individual como colectiva.

Finalmente, reconoció que las desigualdades sociales atraviesan el ejercicio pleno de los derechos humanos, al igual que a la justicia y la utopía, pero enfatizó que, como parte del derecho público común, representan una expresión de la conciencia jurídica de la humanidad.

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