MÉXICO.- El silbato del Tren Interoceánico había quedado atrás cuando, en un tramo sinuoso de la sierra oaxaqueña, el viaje se rompió en segundos. Cuatro vagones descarrilaron a la altura de la comunidad de Nizanda, en el municipio de Asunción Ixtaltepec, y con ellos se fracturó la rutina de unas 250 personas que viajaban entre Salina Cruz y Coatzacoalcos. El saldo preliminar es contundente: 13 personas murieron y al menos 98 resultaron heridas; 36 permanecen hospitalizadas y cinco de ellas en estado grave.
El accidente ocurrió la mañana del domingo 28 de diciembre de 2025 sobre la Línea Z del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, uno de los proyectos estratégicos del país. A bordo del convoy viajaban pasajeros y tripulación en dos locomotoras y cuatro vagones. Tras el impacto, la Secretaría de Marina (Semar) activó un operativo de emergencia de gran escala: 360 elementos navales, 20 vehículos, cuatro ambulancias terrestres, tres aéreas y un dron táctico se desplegaron para buscar, rescatar y atender a las víctimas.
Los heridos fueron trasladados a hospitales del IMSS en Matías Romero y Salina Cruz, así como a unidades de IMSS-Bienestar en Juchitán e Ixtepec. En los pasillos de esos hospitales, la espera se volvió larga para familiares que buscaban nombres, diagnósticos y certezas.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo confirmó el número de víctimas y ordenó una respuesta directa del Estado. Instruyó al secretario de Marina, Raymundo Pedro Morales Ángeles, y al subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, Félix Arturo Medina Padilla, a trasladarse de inmediato a la zona para atender a las familias. La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, coordina la atención integral a las víctimas.
Un día después del siniestro, la mandataria anunció que viajaría personalmente a Oaxaca para recorrer el sitio del descarrilamiento, visitar a las personas hospitalizadas y acompañar a los deudos. “Nuestro pésame y solidaridad a las familias”, expresó, al subrayar tres prioridades: atención médica y humana a las víctimas, esclarecimiento riguroso de lo ocurrido y revisión de las condiciones de seguridad del sistema ferroviario.
La investigación quedó en manos de la Fiscalía General de la República (FGR), en coordinación con la Fiscalía de Oaxaca. Peritos y agentes de la Agencia de Investigación Criminal recaban información técnica, mientras la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario analiza el Pulser, la “caja negra” del tren, para revisar datos clave como velocidad, presión de frenos y la conducción del operador, quien resultó ileso. De acuerdo con los primeros reportes, antes del paso del convoy un vehículo Hi Rail recorrió la vía y no detectó anomalías.
En la zona del accidente se encuentran también el director del IMSS, Zoé Robledo, y el titular de IMSS-Bienestar, Alejandro Svarch. El Gobierno federal habilitó la línea telefónica 55 2230 2106 para brindar información a familiares y anunció que cada familia de las personas fallecidas contará con el acompañamiento permanente de un servidor público.
Mientras avanzan los peritajes, el descarrilamiento del Tren Interoceánico deja preguntas abiertas sobre la seguridad de una obra emblemática y, sobre todo, una estela de duelo que recorre comunidades, hospitales y hogares. Las autoridades federales prometieron informes actualizados y una revisión a fondo para evitar que una tragedia similar vuelva a repetirse.