- La exposición “Punk, política y praxis” reúne obras de estudiantes de la BUAP que reimaginan el fanzine desde la ética Do It Yourself y la crítica social. Se presenta en la Casa de la Cultura hasta el 21 de noviembre
PUEBLA, MÉXICO.- En tiempos donde el arte digital domina las pantallas, un grupo de jóvenes artistas decidió volver a la rebeldía manual del papel, la tinta y el collage. Estudiantes de la Facultad de Artes Plásticas y Audiovisuales (Arpa) de la BUAP presentan en la Sala Juan Cordero de la Casa de la Cultura la exposición colectiva “Punk, política y praxis”, una muestra que reivindica el fanzine y su carga ética heredada del movimiento Do It Yourself (hazlo tú mismo).
La exhibición —abierta al público hasta el 21 de noviembre— propone una experiencia sensorial y participativa: los asistentes pueden manipular copias artesanales de las piezas matriz, como si la obra escapara del museo para volver a la calle.
Las y los artistas Uziel León, Paulina Aceves, María del Cielo Alducin, Kimberly Pedraza, Fernanda Cortés, Edwing Salazar, Shari Jaen Galeazzi, Félix Edén, Julia Ramos, Juliette Hernández, Aidaly Pérez y Margarita Morales llevan la consigna punk más allá de lo musical: aquí se cuestionan las infancias vulneradas en internet, el cuerpo como territorio identitario y la violencia mediática del arte y el entretenimiento.
Bajo tres ejes curatoriales —“Lo corporal-corpóreo”, “La crítica al tejido” y “La extensión del pensamiento”—, la exposición deconstruye el fanzine como medio político, afectivo y estético. Desde la perspectiva del llamado “cubo blanco”, que aísla los objetos de su entorno cotidiano para resignificarlos, las piezas invitan a repensar la rebeldía desde la creación colectiva.
Previo a la inauguración, a la que asistió Juan Antonio Cruz Moctezuma, secretario administrativo de la BUAP, se presentó un performance sobre el impacto de la tecnología en la vida cotidiana, gesto que reforzó el espíritu de resistencia y crítica que atraviesa toda la muestra.
“Punk, política y praxis” no solo celebra una estética marginal; también recuerda que la contracultura sigue viva en las aulas y los talleres universitarios, donde la creación sigue siendo una forma de protesta y de comunidad.