El horror que se vuelve costumbre en Puebla

En Editorial Yussel Dardón | Director

Un carrito de supermercado, una mujer sin vida; las luces y el frío de la madrugada, la Fiscalía General del Estado a unas cuadras de la escena.

La imagen parece tomada de una película de terror urbano, pero no, aquí no hay ficción.

Aquí es Puebla.

La mujer hallada sin vida dentro de un carrito de supermercado en Huexotitla representa, además de otra tragedia individual, una síntesis de la descomposición. La versión preliminar señala que la mujer habría muerto por una sobredosis en un picadero, y que “alguien” decidió empujar su cuerpo por las calles hasta abandonarlo frente a una casa, como si se tratara de un objeto desechado.

En cualquier ciudad del mundo, semejante escena sería motivo de conmoción general. Pero aquí, en Puebla, apenas causa un murmullo más en la rutina de los horrores cotidianos. Aquí, en Puebla, nos hemos ido acostumbrado a los cuerpos en bolsas, a los mensajes de terror en cartulinas, a los hallazgos en baldíos.

Lo que antes era nota roja, ahora se vuelve costumbrismo del espanto.

Y ahí radica la tragedia.

La violencia, esa que antes era excepción, ha terminado por incorporarse al paisaje urbano. Las cifras importan poco cuando la empatía se erosiona. Nos indignamos un día, y al siguiente pasamos la página.

El Poder Judicial y la Fiscalía General del Estado cargan con una responsabilidad que no pueden eludir.

Se necesita una investigación a fondo, una política integral que no solo castigue a los responsables, sino que atienda las raíces del problema: la pobreza, la exclusión, la precariedad y la adicción como síntomas de un abandono social más amplio.

Puebla se ha convertido en una pintura trágica, en un largometraje del horror donde cada escena es más cruda que la anterior. Y, sin embargo, en medio del espanto, persiste una pregunta que nos persigue como una sombra:

¿En qué momento dejamos de sorprendernos ante la muerte?

Porque mientras esa pregunta no tenga respuesta, el horror seguirá empujando su carrito por las calles de la ciudad.

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