Foto: Ibero Puebla

Ayotzinapa: herida colectiva que sigue abierta y sin olvido

En ESPECIALES Redacción Leviatán

PUEBLA.- En la IBERO Puebla, este 2 de octubre, la conmemoración no fue solo un acto institucional: fue un viaje por la memoria, el dolor y la esperanza de quienes aún buscan respuestas. Entre los pasillos y el auditorio, se sentía un silencio respetuoso, roto de vez en cuando por las voces de los familiares de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Hilda Hernández Rivera y Mario César González Contreras subieron al podio y, con la mirada firme y la voz entrecortada, contaron cómo ha sido vivir desde aquel 26 de septiembre de 2014, cuando su hijo César Manuel desapareció. “Un muchacho como cualquier otro, con ilusiones y errores… y de repente no está”, dijo el Sr. González, mientras varios estudiantes escuchaban en silencio, dejando que cada palabra calara hondo.

El Dr. Julio César Ávalos Huerta recordó que la memoria de Ayotzinapa está ligada a la de Tlatelolco, 46 años atrás. Una generación tras otra, los estudiantes han aprendido que la lucha por la verdad y la justicia es más que un acto de protesta: es un compromiso con la memoria.

El Mtro. Saulo Loya Valenzuela acompañó el relato con contexto y análisis, pero también con humanidad. Habló de los obstáculos, de la descalificación, de los discursos vacíos y la “verdad histórica” que cayó como un castillo de naipes. “No se trata solo de saber qué pasó, sino de castigar a los culpables”, enfatizó, y los presentes asintieron, conscientes de que la impunidad sigue viva.

Entre recuerdos, anécdotas y silencios compartidos, los familiares lanzaron un mensaje claro a los jóvenes: valoren cada minuto, cada abrazo, cada palabra con sus padres y amigos, y no dejen de luchar por un México más justo. “Nos sacan adelante jovencitos como ustedes, porque ustedes son el futuro”, concluyó el Sr. González, y se sintió en el aire un instante de esperanza que, aunque pequeño, es imprescindible.

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