Ciudad de México.— Las auroras boreales, espectáculos luminosos del cielo que normalmente se observan en las regiones polares, pueden aparecer en México cada tres décadas, reveló una investigación liderada por el Instituto de Geofísica (IGf) y el Instituto de Ciencias Aplicadas y Tecnología de la UNAM, en colaboración con científicas y científicos de ocho países.
Este hallazgo fue posible gracias al desarrollo de un modelo físico-matemático digital con inteligencia artificial (machine learning), que permitió identificar un ciclo solar de 30 años durante el cual es posible observar estos fenómenos en latitudes bajas, como el norte del país.
El investigador Víctor Manuel Velasco Herrera, del Departamento de Radiación Solar del IGf, explicó que las auroras boreales vistas en mayo y octubre de 2024 no fueron eventos aislados, como se creía en su momento, sino parte de un nuevo patrón periódico de actividad auroral en zonas no polares. Según el modelo, la próxima aparición podría darse en el año 2054, durante el ciclo solar 27 o 28.
Un fenómeno no tan raro… cada 30 años
“Lo que descubrimos es que las auroras boreales en latitudes magnéticas bajas no son tan excepcionales como se pensaba. De hecho, ocurren aproximadamente cada tres décadas”, explicó Velasco Herrera. La investigación fue publicada en la revista Space Weather y contó con participación de especialistas de República Checa, Eslovaquia, Hungría, Turquía, China, Irlanda, Estados Unidos y Argentina.
El equipo internacional recopiló y reconstruyó datos desde 1938, identificando eventos aurorales en 1940, 1958, 1989 y 2024. El modelo demostró que estos fenómenos coinciden con la fase positiva de una oscilación solar de 30 años, ligada a los máximos solares.
México, pionero en observación solar
La UNAM se consolida como referente mundial en estudios solares, siendo pionera en desarrollar índices solares observacionales. El propio Velasco recordó que Galileo Galilei nombró a este fenómeno “Aurora”, y que figuras como Alexander von Humboldt registraron el término “tormenta magnética” tras observar su impacto en brújulas.
Además de su belleza, las auroras boreales tienen valor científico: son indicadores de la actividad magnética solar y pueden afectar sistemas de comunicación, satélites y redes eléctricas.