CIUDAD DE PUEBLA.- Tras las críticas por la eliminación del mural dedicado a víctimas de violencia ácida en Puebla, el Ayuntamiento anunció que la obra será repintada en el mismo sitio, con una nueva estructura y con la participación del autor original, Alejandro Herrera. La decisión llega un día después de que colectivas, activistas y sobrevivientes denunciaran el blanqueamiento del muro como un acto de censura simbólica.
Zaira González Gómez, titular de la Secretaría para la Igualdad Sustantiva de Género, informó que el mural no fue destruido con fines de borrado, sino por “mantenimiento”, ya que presentaba daños causados por el clima. Aseguró también que se ha contactado a Carmen Sánchez, una de las mujeres retratadas, para garantizar que la nueva obra respete su historia y dignifique la causa.
Pero en un país donde la violencia de género cobra vidas y deja marcas irreversibles, la memoria no puede depender de la humedad ni de una capa de pintura blanca. Borrar el rostro de una sobreviviente es, también, intentar silenciarla. Y si el mensaje se perdió momentáneamente, fue por decisión institucional.
Que se repinte el mural es un paso, pero no un acto heroico. Es una corrección. Las colectivas lo tienen claro: la memoria no se negocia, se cuida y se construye en colectivo.
El nuevo mural, que buscará visibilizar de nuevo las historias de Leslie Moreno, Carmen Sánchez y Esmeralda Millán, será realizado por el mismo artista que lo creó en 2023. Además, se espera que Carmen Sánchez viaje esta semana a Puebla para sostener un diálogo con las autoridades sobre nuevas formas de visibilizar la violencia ácida.
La ciudad aún debe responder a una pregunta clave: ¿cómo honrar la lucha de las mujeres sin convertirla en decoración transitoria?