- Más allá de la construcción, este mineral ha sido clave en expresiones artísticas, artesanales y culinarias desde tiempos prehispánicos.
CIUDAD DE MÉXICO, 30 de junio de 2025.– Con una historia que se remonta a las culturas mesoamericanas, la cal ha sido mucho más que un simple componente para la construcción. En su conferencia magistral La importancia de la cal en Mesoamérica, el investigador Luis Alberto Barba Pingarrón, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, destacó los usos artísticos y artesanales de este mineral en la arquitectura, cerámica, escultura y pintura mural, además de su rol en la nixtamalización del maíz.
El académico explicó que la cal se transforma al combinarse con agua, generando una pasta modelable ideal para recubrir muros, pisos y techos. Este material era usado como aglutinante en relieves y mascarones mayas, como los hallados en Palenque, o en estructuras complejas como arcos y bóvedas en Calakmul y El Tajín. En Teotihuacan, se aplicaban capas delgadas sobre superficies para lograr acabados duraderos, incluso en pisos y plazas.
Además, Barba Pingarrón subrayó el papel de la cal en la elaboración de cerámica y pigmentos para murales prehispánicos y coloniales. Durante el siglo XVI, este saber indígena se fusionó con técnicas europeas como el fresco, dando lugar a murales religiosos únicos en iglesias y conventos.
También se utilizó en la creación de chultunes (cisternas subterráneas para captar agua de lluvia), en el sellado de tuberías cerámicas, y en la fabricación de estufas y hornos que datan del Preclásico Medio al Clásico Tardío. “La cal no solo preserva, también cuenta historias invisibles que resisten el tiempo”, enfatizó el especialista.
Actualmente, cientos de hornos antiguos han comenzado a ser reconocidos en la Península de Yucatán, lo que abre nuevas líneas de investigación sobre la producción y uso de este recurso milenario.
Más allá de su utilidad en la construcción, la cal sigue viva en expresiones artesanales contemporáneas, desde técnicas tradicionales en la elaboración de piezas cerámicas hasta prácticas sustentables en bioarquitectura rural.
Este conocimiento ancestral refuerza la necesidad de revalorar los saberes originarios como parte del patrimonio cultural, artístico y ecológico de México.