Fotografía: Especial

La literatura debe incluir una postura crítica de la vida: Federico Vite

En ENTREVISTA Óscar Alarcón

PUEBLA, MÉXICO.- Si a la literatura sólo le interesa la literatura, entonces no es literatura, asegura el escritor Federico Vite, quien afirma que aunque “no está obligada” siempre debe contar con “una postura política, crítica acerca de la misma literatura y de la vida en general”.

En entrevista con Óscar Alarcón, el autor de las novelas Fisuras en el continente literario (FETA, 2006) la cual generó polémica por llevar a la figura de Octavio Paz a los terrenos de la sátira, y Carácter (Monte Carmelo, 2015); así como de los libros de relatos Carne de Cañón (Cuadrivio, 2015) y Cinco maneras de incendiarse (Editorial Praxis, 2015), habló de su obra, su afinidad con el abandono, el fracaso, así como de la experiencia de siempre buscar el hogar que, aunque no exista o sea un reflejo de nostalgias, sabe que es ahí donde mejor se encuentra.

También se da tiempo de hablar sobre la literatura de la violencia, asegurando que a él los temas violentos no se le imponen como si de una institución se tratara, sino como una indagación estética del mal para saber de qué manera permea en la realidad.

Y aunque observa que “está muy manoseado el realismo” todavía cree que funciona, “cualquier novela realista después del 2000, forzosamente tiene que voltear en alguna de las ventanas de sus relatos a la violencia, porque es connatural a nosotros. No puedes salir y no darte cuenta que esto se está cayendo a pedazos”.

Aquí la entrevista:

—¿Para qué escribir literatura y publicarla en este momento?, pues mucha gente tiene donde subir sus textos en una bitácora en línea, y tenemos televisión, televisión por internet, Facebook, Twitter.

—En términos generales, los medios que me refieres llevan un chingo de prisa, y algo que nos permite hacer libros —ya no sé si literatura— es que te obliga a ir a contracorriente, es decir, calmarte, pensar dos o tres veces lo que estás poniendo en papel.

Me parece como ejercicio no sólo de decantar ideas, funciona muy bien para entender tu entorno, pues finalmente te clavas en un libro que es un proyecto de dos o dos años y medio, más o menos, dependiendo el volumen: te obliga a estacionarte un buen rato en eso.

El resto de los medios te obliga a acelerar el proceso, creo que en eso está la diferencia y además se comparte mucha información que luego no se digiere bien. En los libros no estás obligado a decantar eso, si lo haces, me parece que no estás haciendo bien tu trabajo, no estás abriendo bien el engranaje para dialogar con otros autores y otras lecturas.

No hay nada nuevo: en lugar de levantarte te encierras en ti. Creo que el resto de los medios no te propicia ese efecto.

—Es una mirada íntima…

— Sin duda, es una revisión prácticamente detallada. Es un ejercicio de mirarse. A veces uno escribe chueco, uno piensa chueco y entonces también la prisa afecta mucho en esto. Te das cuenta cuando un libro tiene más o menos un discurso bien eslabonado. Tiene que ver con el proceso de reflexión que hay sobre el mismo proyecto, es decir, las lecturas que van nutriendo, por supuesto las películas, las notas que te permiten afianzar este proyecto.

—Platícanos sobre Carne de Cañón, en las 5 historias nos encontramos con hombres reducidos, ¿es una burla al machismo que aún impera en nuestro país?

—Más que burla, realmente lo digo sin pretensión alguna, es una exploración de la masculinidad. Yo crezco en un matriarcado y a partir de eso defino muchas cosas, aunque el hombre sea el dador del recurso monetario, quien toma las decisiones no es él. A partir de ese pequeño juego, que permite preguntarme por qué nunca he hablado, por qué nunca he diseccionado a los hombres de mi vida, empiezo a hacer Carne de Cañón. Por eso el cierre del libro habla específicamente de mí, para que no vayan a decir “nomás está tirándole aceite a los demás y no quiere involucrarse”, pero sí es un picudeo formal a partir de ciertos roles o papeles que tiene el hombre para manifestar su masculinidad, que como vemos básicamente son temores.

Se fundamenta el temor como una forma de afianzar la masculinidad, que es lo simpático, entonces si reconoces todo lo demás, ¿qué te vuelves? ¿Femenino? ¿O qué es lo que pasa? Finalmente por eso se hizo el libro.

—Percibo  mutaciones en tus libros Cinco maneras de incendiarse, Carne de Cañón y Carácter. Hay cambios importantes, transformaciones que pueden ser individuales o sociales, ¿se da de esa forma o tu preocupación sólo se va hacia la transformación individual?

— No, no. Por ejemplo, el más viejo que es Carácter, le aposté un poco a jugar cómo estaría Acapulco años después y desgraciadamente le atiné.

El de Carne de Cañón le aposté a sondear algunos asuntos que tienen que ver con un aspecto social que determina algunas características de la masculinidad, en ese específicamente sí es muy marcado.

En el otro, sólo bordeaba algunos aspectos que se me hacen más fuertes de Acapulco pero que sí inciden, la geografía incide mucho en la forma en la que el narrador va desenvolviéndose en los tres libros.

El planteamiento para todos es el hipotético Acapulco que va y viene… No es que yo quiera… Algún día escribiré sobre Puebla.

—Tienes una relación con Acapulco como de casa-madre, casa-útero, las vueltas que tienes a Acapulco, ¿cuál es la relación que tienes con el puerto?

—Absoluta. Es una relación de amor-odio. La forma de explicarlo es si te peleas con la ciudad. Yo me escapo muy chavo de allá, decido dar un rol por el país y escaparme del país porque sentía que Acapulco no me estaba dando lo que yo necesitaba: la noción de formarse, iba y venía. Y al final yo terminé involucrado con un distanciamiento absoluto.

De pronto regreso —te estoy hablando del regreso de ahora, no como esos regresos que eran por dos semanas—, llevo siete meses allá, estoy pegado a la familia. La relación es muy violenta porque estoy constantemente reconstruyendo las partes que me hicieron feliz de allá y ya no existen, y las que existen están muy manoseadas. Estoy re construyendo mi ciudad. Y en la medida en que eso pasa me doy cuenta de que la forma de fabularlo es la única que tengo para ejercitar mis emociones.

Es curioso porque estando ahí sigo pensando como si no estuviera, como si escribiera desde fuera: esto ya no existe, y ya no existe.

Es como si fuera mi madre. Mi madre es de allá, mi abuela fue de allá, mi hermana es de allá, la gente que amo de alguna otra manera está allá. Es muy difícil que me salga de eso.

 

—¿El abandono y el fracaso forjan el carácter?

—Sin duda. Ya nos lo enseñaron los alemanes. Es curioso eso porque sin proponérmelo deliberadamente, hasta hace tres o cuatro años… No la noción católica sino la indagación del mal o la banalidad del mal de que estamos mal porque así nos tocó vivir, te ayudan a reconstruir las acciones pequeñas que te llevaron a un fracaso, no quiero decir personal, sentimental o laboral.

Esa onda es lo que me ha interesado seguir desde hace rato. No creo que lo haya asimilado del todo pero es una búsqueda, creo que estética formalmente, que estoy tratando de afinar y espero que lo pueda encontrar. En la medida de lo posible me lo dará el oficio, como dicen los viejos: de sabiduría, no ahorita.

—¿Un escritor guerrerense está obligado a hablar de los 43?

—En la obra no creo. Pero evidentemente, sí. Así como está obligado a hablar de los secuestros a tortilleros, formalmente, expendedores de masa, a taxistas, a vendedores ambulantes.

De pronto tenemos una habilidad en México para encumbrar mártires. Quiero decir: el dolor de ellos es el mismo dolor de las otras personas, claro el dolor de ellos es prácticamente maquinado. No por eso vamos a soslayarlo. Lo que quiero decir es que el pronunciamiento no sólo es hacia ellos, es hacia muchísima gente.

Como te digo que es un laboratorio social, en Acapulco están pasando cosas realmente increíbles. La Secretaría de Educación del Estado de Guerrero, por alguna razón que uno no entiende, entrega la hoja de las personas que están recibiendo sus aguinaldos a quien se le ocurra, por el IFAI. Entonces la gente que se dedica a extorsionar va uno por uno, hubo una especia de paranoia porque tú ya cobraste entonces te van a secuestrar. Era como venir a pagar la raya.

Así como estamos obligados a hablar de los 43, estamos obligados a hablar de la gente que está cerrando sus locales en la Costera porque no tiene garantías, porque los incendian, porque la gente que está detentando el poder no tiene ningún problema en matarte o desaparecerte exactamente igual que a los 43. Tú puedes tomar un taxi y ya no sabes si es un taxi. Eso es lo de menos, tú entras al cajero y no sabes si vas a volver a salir.

En todas partes hay alguien que está tratando de pasarse de listo, y me parece que si no estamos denunciando esto es por miedo. Pero en la medida de lo posible estamos fomentando un discurso de histeria que no le ayuda a nadie, y tampoco lo resuelve.

Hay un fenómeno bien fuerte, se llaman desplazamientos por violencia, que nos enseñó Colombia, que eso es terrible porque después de eso ocurren cosas muy desagradables. Allá llevamos 6 años, que no son tantos pero ya es algo fuerte, 6 años de que se está desplazando la gente no sólo por falta de trabajo sino por violencia.

Un detalle que describiría muy bien la situación: en cualquier hospital allá no puedes entrar con celular porque ha habido dos asesinatos dentro de los hospitales. Te ubican por celular, entra alguien armado y te mata. Que te restrinjan el celular en un hospital te habla de que ya no puedes controlar una institución.

—Ante este panorama que nos estás planteando, ¿cuál es la salida? Olvidemos la literatura, ¿habrá una mejora social?

—No creo. No creo que se detenga. Lo que a mí me parece todavía más difícil de pronosticar es que se tenga la noción de lo que está pasando. Es decir, te lo platico como si estuviéramos allá, salimos y nos vamos a casa, el asunto es que es diario, prácticamente nos volvemos inmunes aunque esté ocurriendo.

Lo peor que podría pasar es que nos acostumbremos. Alguna lógica debe de tener que la literatura sirva para sensibilizar, quiero decir para ser partícipe de un dolor ajeno. Ha servido que las zonas de mucho conflicto allá, en La Zapata, El Renacimiento, que tomen talleres de literatura porque les hace pensar que el mundo es más grande. Sé que suena a un lugar común horrible, pero en la medida en la que no sólo tienes el hambre y el plomo y descubres que puedes soñar de otra forma, con música, cine, teatro, el mundo se hace más grande. Y me parece que en algún momento alguien tendrá la oportunidad de acomodar los hilos aunque sea de su familia.

Finalmente se va a escribir. Pasó Auschwitz y se siguió escribiendo poesía. En ese sentido la literatura es muy egoísta. No le importa nada, iba a ocurrir de cualquier forma. Aquí el asunto es que quizá ya se empalme el discurso literario con un discurso realista —igual y hasta naturalista—, podría ser una conjunción muy amable. Faltaría una camada mucho más gruesa para que pueda haber una noción más general del asunto, sobre todo por los puntos de vista que pueda tener cada una de las personas que viven ahí, y dar un correlato de su existencia.

—Una última pregunta, ¿qué es el amor?

—¡Uy! Como dice Lizalde: recuerdo que era una blanda furia no expresable en palabras.

Óscar Alarcón: @metaoscar

Neotraba: @neotraba

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